jueves, 30 de enero de 2020

CON LA MOCHILA A LA ESPALDA

Caminaba despacio, con pasos cortos y sin prisas, la cabeza baja y la mirada fija a la tierra. Un garrote de olivo en su mano, para apoyar un cuerpo envejecido y cansado. Metido en su mundo, del que él formaba parte. Acompañado de su sombra. Una sombra inseparable, amiga. A su espalda una mochila llena de emociones y sentimientos, momentos de toda una vida: las alegrías y las penas, los amores y desamores, las verdades y mentiras, los amigos y enemigos, las esperanzas y fracasos, los sueños y pesadillas... Una mochila que no se ve, ni pesa. Una mochila donde lo material no ocupa espacio, está llena espiritualmente. Son los años de un viejo hombre que, con pasos cortos y sin prisas, va cargado de añoranzas y recuerdos, los suyos. Los primeros besos y abrazos de sus padres, los juegos de su niñez, el primer amor y único de su vida, el nacimiento de sus hijos, verlos crecer cada día, rodearse de los nietos… Esos pequeños detalles del día a día, que pasan a nuestro lado, y apenas  valoramos. Un amanecer: los gorriones saltando, el saludo por las mañanas. Las florecillas del campo, las tertulias con los amigos, los críos jugando en el patio del colegio. El olor a tierra mojada.  Las estrellas en la noche, las nubes flotando, los paseos al atardecer, una sonrisa…¡Cuánto  hay de bueno en este mundo que no tiene precio! Esos pequeños detalles que te llenan el alma. Él se sentía perdido, sin comprender, que su mundo, el que él conocía y  amaba, corría acelerado a no sé dónde, sin rumbo. Confundidos por la avaricia y el egoísmo, nos  hacemos más débiles, menos inteligentes y renunciamos a  nuestros principios: Amarnos y respetarnos y saber pedir perdón.

Una mochila lleva a sus espaldas cargada de sueños, ilusiones y proyectos que nunca salieron adelante por no confiar en él.  En un hueco va su cuaderno con sus apuntes. Para decirle a la vida lo que siente, sin utilizar palabras rebuscadas, sinónimos que desconoce. Su amor es más sencillo, humilde y sin adornos. Utilizando un vocabulario pobre con el mismo significado. Su cultura nació entre olivos y verdes trigales. Rodeado de tierras sembradas de algodonales, laderas de viñedos, riberas de huertas con higueras, ciruelos, granados… Conoció las norias alzando las aguas del Genil en cangilones de madera. Su sierra cubierta de encinas, acebuches, coscojas, retamas, esparto, alcaparras, esparragueras…. Olores a romero, tomillo, a los almendros en flor. Surcaban en el cielo aguiluchos, cuervos,  palomas bravías… De nada vale  decorar con tantas alabanzas la vida si no sabemos  apreciarla.  ¡La vida, un soplo de aire fresco! Con los años nos vamos adaptando a ella, como las raíces a la tierra.  Como las aguas del río buscando la pendiente. Como una cometa subimos y bajamos.  Atraídos a seguir viviendo, como las olas del mar por la luna.
Una mochila lleva a sus espaldas, imaginada. Una sombra inseparable, amiga.  Un bastón para apoyar un cuerpo cansado. Caminando por un camino de tierra, sin prisas.  Paso a paso, así es la vida. Valorando cada momento vivido, sin riquezas y los pies en el suelo. Con sus sueños incumplidos de ver un mundo más justo, más sensato, menos egoísta. Un mundo donde cabemos todos. Donde el amor gane la batalla al odio. Donde el bien triunfe con la palabra. Todos llevamos una mochila a las espaldas, y con los años, va pesando cada día más.

De paso por la vida.

Juan Reyes.

jueves, 9 de enero de 2020

La vida es un libro

La vida es un libro, donde van pasando páginas.  Vamos viviendo etapas con el paso de los años. Guardando de cada una de ellas, unos recuerdos imborrables. Comienza con la vida prenatal, donde vamos aprendiendo a través del tacto y de los sonidos. Un libro donde tú eres el protagonista principal y el autor. Las pastas y el título se pueden decorar, maquillar, embellecer y cambiar, pero lo más importante y profundo va en su interior. Vas escribiendo, metido en un mundo del que tú formas parte. Un personaje con vida propia y real… Removiendo recuerdos de la infancia. Una infancia rodeada de cariño, de mimos, de caricias y palabras diminutivas de amor. Los brazos de tu madre eran todo, buscabas el calor, el refugio, la seguridad… Te Pasaban de manos en manos, porque tú eras el centro de la familia y todos tenían la  necesidad de abrazarte y disfrutar de ti. Los meses pasaban, los primeros dientes, los gorgoteos, tirabas besitos y echabas los brazos. Tu primer añito, tus primeros pasos, todo como el primer día, rodeado de amor, de cariño, disfrutando cada momento de ti.  Tus padres te cuentan los primeros cuentos, Caperucita Roja y el lobo feroz, Blancanieves y los siete enanitos,  cuentos de brujas y ogros y algunas noches  despertabas con las sábanas mojadas de miedo a la oscuridad. Vas utilizando un lenguaje con palabras difíciles de pronunciar, alargándolas o acortándolas con mucha gracia y arte. Un vocabulario que no viene en el diccionario y no se puede subrayar. Siempre imitando cada gesto de tus padres o hermanos mayores. Esos tres y cuatro añitos tan llenos de sonrisas,  llorando por todo, con razón o sin ella. Absorbiendo cada detalle, todo lo quieres aprender y tocar. Observando un mundo muy grande a tus ojos. Para nuestros padres éramos la alegría de la casa, el que le robas las horas y el corazón. Una infancia donde se quedarán atrapados muchos momentos,  guardados en un rinconcito de nuestra mente y un día  contar.

Vas escribiendo con letra clara y armoniosa. Expresando con lucidez, sencillez y humildad, porque la humildad es una virtud. Una vida que va transcurriendo día a día, donde hay mucho que rememorar, los recuerdos de la niñez. Un  capítulo que escribimos con alegrías, sonrisas y la mente de un niño. Donde la fantasía nos envolvía  y nos perdíamos en los sueños. Las ilusiones nos engrandecían y la luna queríamos atrapar. Formaban parte de esos momentos las travesuras, los juegos con los amigos, saltar como un chivo y nunca llegabas a cansarte. La inocencia aflora y  la perfección no existía. Un mundo apasionante de ficción e imaginación. Vas progresando en la capacidad de comprender, de aprender. Un dibujante, que los lápices de colores en tus manos expresaban un arte especial, los trazos incontrolados eran la firma de un artista abstracto. Un cantante de canciones infantiles, letras  y partituras inacabadas llenas de amor. Quieres ser mayor, soltándote de  la mano y pidiendo un poco más de libertad, un hombrecillo para perderse con tus amigos. ¿Cuantas páginas se pueden escribir con la edad de tres a seis añitos? Un mundo donde los años que pasen, nunca olvidaremos esta parte tan bonita, llena de inocencia, juegos, travesuras y lo más importante nos sentíamos queridos y protegidos las veinticuatro horas del día.

Con una caligrafía cuidada vamos escribiendo y llenando los folios por las dos caras. Vas contando y narrando, esas anécdotas y actuaciones de la adolescencia, las que siempre guardabas por vergüenza a los demás. Una etapa donde sigues siendo un niño, jugando en la calle al fútbol, la tanga, los pilladores, el pañolito, etc. Juegos de otra época, otra infancia, la nuestra. Nuestro cuerpo va cambiando muy deprisa igual que las relaciones emocionales y cognitivas. Exploramos nuestro cuerpo de arriba abajo. Entramos en la pubertad, ese vello que nos va saliendo, esa espinilla tan molesta en la cara y no paran de salir, la voz nos va cambiando, y nuestras partes más intimas nos sorprenden con su desarrollo. La curiosidad y la ansiedad de querer siempre ser mayor. Necesitamos más intimidad, nos volvemos un poco egocéntricos, las ideas son más concretas y extremistas, etc. La sexualidad se va explorando y nuestra identidad sexual. Nos volvemos románticos y buscamos la media naranja. Con los besos robados sin maldad, las bromas pesadas con los amigos, las primeras copitas, las primeras chupadas a un cigarrillo, tragándote el humo acompañado de un ataque de tos. En los estudios no te implicas lo suficiente, perdiendo la oportunidad de formarte. La lucha con los padres por todo, más tiempo en la calle, menos horas  con la familia, los amigos lo primero, no escuchas los buenos consejos, etc. Una etapa de la adolescencia, donde los malos hábitos y las actitudes depresivas, las vas cambiando y comprendiendo por ti mismo. Vas tomando nota de cuánta razón tenían tus  padres, consejos que no olvidarás y siempre los recordarás cuando lleguen nuevas situaciones o parecidas en tu vida.

Dejas correr la tinta expresando los buenos momentos de la juventud. Una parte de la vida donde se divide. Eres mayor de edad y te quieres comer el mundo. Terminando los estudios universitarios, te preparas para hacer un curso de formación, o te dedicas a buscar un trabajo de jornalero y aprendiz. O te conviertes en un vago, en un parásito que aprovechas el esfuerzo de tus padres para vivir a su costa.  Las canciones y la música en la discoteca o salones de baile inventados en cualquier casa de un amigo. Donde la pasión y el amor de pareja se fundían en uno solo. Noches sin control y de locura, noches interminables sin mirar el reloj. Vamos cambiando impresiones y hablamos de un futuro: buscar trabajo, de crear una familia, de tener hijos, etc. Una juventud que va pensando como adulta. Vas comprendiendo que ser adulto no es tan fácil, los problemas te rodean, educar  los hijos, las letras del banco, la vivienda, el trabajo, etc. Vas escribiendo y hablando de ti mismo, la vida es como un libro, un libro donde la realidad se queda corta. Al coger el lápiz o el bolígrafo, la forma de colocar el librillo, dice mucho de tu personalidad. Este libro con sus pastas gruesas de cartón duro y hojas finas de papel. Donde vamos escribiendo y resumiendo con sensibilidad, con ternura, la entrada en la adultez. Otra etapa más de la vida que se divide. Te entregas al trabajo y todas las horas son pocas, para contribuir en la economía de la casa. La familia queda a un lado para los fines de semana y los festivos. Los hijos se van haciendo mayores y llegan acompañados de sus amigas o parejas. Tus perspectivas y el fundamento  de tu vida es salir adelante. Atrás dejas muchas cosas pendientes, cosas que jamás algún día puedas realizar. Tus aficiones, tus caprichos, tus viajes, ese tiempo para relajarte y tomar un respiro. Todo tiene su recompensa, si la felicidad es hacer feliz a los que quieres.  Vivir el momento justo, sacarle el máximo  partido. Ser capaz de entender y asimilar que todo no se puede tener en esta vida. Los días van pasando y entras en los cincuenta pisando los sesenta. Todo va cambiando, la vida la ves muy diferente y las prisas no entran en tus planes. El amor de pareja lo vas compartiendo con los que llegan, unos seres chiquitos fruto del amor de tus hijos. Las  emociones y los sentimientos llenan tu corazón. Los que tanto quisiste y te quisieron se marcharon para siempre, vas dejando muchos en el camino. Los que nunca dejarás de quererlos y llevarlos en el corazón. Vas agrandando el alma y esos pequeñajos tapan muchas heridas. Con cada renglón que ocupamos vamos recorriendo una parte de  nuestras vidas, atrapadas en el tiempo, pasando de puntillas en silencio para no molestar. Sentados en una silla y una mesa de un escritorio inventado, sin ruidos y la puerta medio abierta de la habitación. La luz del día pasa por la ventana y la calma se trasforma en una soledad buscada. Nuestras armas y compañeros un lápiz de punta fina y unas hojas de papel. Vamos robando horas al tiempo, rebuscando palabras con mimo, dejándonos llevar por los pensamientos.  Corre la mano con cariño por los renglones alineados como los surcos en la tierra.  Las palabras se transforman y cobrando vida, una vida que queremos compartir. La vida es un libro en blanco, que nos entregan cuando nacemos y vamos tomando apuntes cada día, sin saber el final….

De paso por la vida.
 

Juan Reyes.

jueves, 19 de diciembre de 2019

UNA RAZÓN Y UNA SONRISA

Hay muchas personas solidarias que ayudan a organizaciones  independientes de todo poder político, religioso, militar o económico. Gracias a millones de hombres y mujeres que voluntariamente colaboran con el único interés en ayudar a los profesionales y voluntarios. En MSF hay más de seis millones de socios, entidades privadas, instituciones públicas, etc. En esta organización que actúa en acciones asistiendo a personas amenazadas por conflictos armados, violencia, epidemias o enfermedades olvidada, desastres naturales y exclusión de la atención  médica, etc.

Desde el año 2012 camino a su lado, voy aprendiendo a valorar  más la vida, una razón más, para ayudar, a los que más la necesitan. Por vivir en un sitio concreto, en un momento concreto de sus vidas. Viven unas situaciones no deseadas,  arrebatándoselo   todo. Otros no llegaron a  conocer nada mejor, nacieron y se criaron en un campo de refugiados. Yo me siento grande y pequeño, al ser solidario en mi humilde economía. Son muchas las veces que me han dado las gracias, por mi aportación, ese granito de arena, a esta causa tan justa. Yo las comparto con MSF, por vivir esos  malos tragos, las enfermedades, las noches sin descanso. La muerte les  pisa los talones a todas horas. Vivir físicamente y moralmente tantos conflictos armados, epidemias, hambrunas.  Aquellos que pierden a su hijo por desnutrición, a los que les amputaron las piernas por una granada, las mujeres que en el parto se dejaron su vida. Los que lo perdieron todo, la familia, el  hogar, la Dignidad. 

La buena gente, la gente buena que arrima su hombro trabajando desde tantas ONG, Asociaciones, instituciones, etc. Personas que trabajan altruistas dedicándose a los demás a cambio de nada.  Es una  razón para ganar miles de sonrisas. Son como un  cuentagotas,  y cada gota es como un bote de suero, una mascarilla de oxigeno, un kit de supervivencia y unas barritas energéticas. Una vida salvada, una razón y una sonrisa. Llegan las ayudas, pero por desgracia en el mundo cada día hay más víctimas de  guerras. Ello conlleva más desplazamientos, más muertes, más heridos,  más desnutrición, etc. Los desastres naturales cada día son más frecuentes. Los seres humanos sin darnos cuenta con tanto consumismo, contribuimos al cambio climático. Las empresas multinacionales y los gobiernos son los principales causantes. Unos por enriquecerse de la naturaleza indiscriminadamente, otros por permitirlo y no actuar con firmeza dejando contaminar la atmósfera, el agua, la Tierra. Tenemos recursos alternativos para cubrir las necesidades de la sociedad. Médicos Sin Fronteras actúa en cada país que su población sufre estos desastres naturales. Utilizando hospitales públicos, centros hospitalarios o levantando hospitales improvisados con tiendas de campaña con sus equipos de quirófanos y su personal profesional dándolo todo. Actúan lo más rápidamente posible para salvar cuantas más vidas mejor. Muchas personas piensan que ese mundo no es el suyo, que no es su problema porque no les afecta directamente. Cada día cuando nos sentamos en la mesa contamos con un plato de comida.  Cuando nos entra sed, abrimos el grifo y calmamos nuestra sed. Cuando llega la noche nos metemos en la cama tapándonos si hace frío con buenas mantas y si aprieta el calor le damos al aire acondicionado. La vida no es igual para todos por desgracia, tenemos los mismos derechos, a vivir dignamente en esta sociedad donde hay tanta abundancia. A ellos, esos derechos nunca les llegan.  Su mundo está lleno de calamidades, donde sobrevivir es una lucha las veinticuatro horas del día. Una comida cuando llega, beber en los charcos si no hay abastecimiento de agua, dormir en el suelo sin el privilegio de tener un techo, un  fuego en las noches frías, una  manta para cubrir los cuerpos vestidos con las ropas sucias de cuantos días. Rotos físicamente y moralmente buscando una razón. Vivimos en el siglo XXI y no aprendemos. Una parte de la sociedad utiliza su mente pensando en ellos mismos, su egoísmo, su avaricia de poder, no los dejan ver el dolor y el sufrimiento que causan en tantas personas, donde pierden lo poco que tienen y  dejan atrás lo más importante de la vida, la familia. ¿Cuánto duele enterrar un hijo sin ser culpable de nada? Todo por guerras inventadas y poderes corruptos.

La razón de estar escribiendo este mensaje, en estas fechas tan señaladas como es la Navidad, tiene un único objetivo, entrar en los corazones de cada uno de nosotros y ser más solidarios, con ese mundo que parece que no es el nuestro. Las noticias en la radio y las imágenes en la televisión, son de situaciones desesperadas de dolor y miseria. Algunos de nuestros mayores  no las olvidan, se le caen las lágrimas y en la garganta se les hace un nudo, recordando que una parte de su vida y la historia pasaron por esa realidad. Otra razón es la labor humanitaria que desempeñan tantas personas  para salvar las  vidas de los más vulnerables, sin techo, sin recursos para  sobrevivir. En esta labor deposito mi granito de arena, grano a grano se hace una playa. Gota a  gota se llena un vaso de agua,  una pequeña donación  aporta para unas vacunas,  combatir con las epidemias de sarampión, el Ébola, la malaria, etc. Con este donativo contribuimos a salvar una vida, a traer al mundo tantos partos complicados y niños prematuros. Con esa aportación ayudamos a tantas mujeres y niñas víctimas de los conflictos. A que nazcan niños sin el virus del sida. Ayudamos a reducir el sufrimiento de tantos pueblos, desplazados por las guerras.  Son tantas razones por las que contribuir, causas como la desnutrición infantil, que cada día mueren 8500 niños al año en el mundo. Un mundo de desplazados y campos de refugiados, donde van contando los días para acabar con esa pesadilla y volver a su patria. Cuantas historias hay que contar y cada una con  vida propia, algunos hablan de cifras, no de personas ni de sentimientos.      

Hoy les ha tocado a ellos,  mañana sin ir más lejos  nos podemos ver montados en una patera perdidos en la mar. Caminando por un camino sin saber el destino,  en  sus cunetas  cuerpos derrumbados y cansados con los pies ensangrentados huyendo de un enemigo.

Hay una bandera de color blanco, con letras grandes y claras. Su lema es la Paz.  Apostemos por las acciones humanitarias independientemente, imparcial y neutral.  Ondea las veinticuatro horas en el horizonte en libertad. Su mástil está levantado con el esfuerzo de muchos, los que un día apostaron por mejorar la situación de la sociedad, sin perder una vida. Donde las fronteras no existan, donde nuestro peor enemigo nos de la mano, donde las bombas que tiren en las ciudades sean de confeti y regalos, donde las epidemias sean de risas, de versos, de poesías y se contagien, donde pisar un hospital sea de parto o mejorar la calidad de vida. Hay muchas razones para colaborar en este mundo, donde hay tantas necesidades. Nunca es tarde para contribuir en sacarle a un niño una sonrisa, en llenar las barrigas de los que pasan hambre, en regalar amor a los que lo necesitan, en ser humilde como el predicador, en tener más sensibilidad con los que no tienen nada. La Navidad representa unir las familias, repartir amor, vivir en paz, recordar las sillas vacías, compartir los regalos con los seres que tanto se quieren. Feliz navidad y no olvidemos que la mejor razón es ayudar y ganar sonrisas.

De paso por la vida.

Juan Reyes.


martes, 10 de diciembre de 2019

CUARENTA AÑOS DE AYUNTAMIENTOS EN DEMOCRACIA

El día 6 de Diciembre del 2019 la Casa de la Cultura de Badolatosa se llena de historia. Una historia donde sus protagonistas fueron elegidos democráticamente en las urnas por los vecinos del pueblo. Un acto muy emotivo y lleno de recuerdos dulces y amargos, como es la vida misma. Muchos de ellos tuvieron la valentía y entereza de luchar por sus ideales y  una convivencia en  libertad e igualdad, hoy no se encuentran con nosotros. Hoy no se habló de la vida de un político en concreto, de su cara oscura, de sus noches sin dormir, de no vivir pensando equivocarse, de que toda la labor desarrollada se quedó en el aire. Hoy la Democracia ganaba espacio, disfrutando de una noche muy especial, intentar unir y darse la mano porque la convivencia debería siempre ganar.

Este día de mutuo acuerdo todos los concejales celebraron un pleno extraordinario para aprobar por mayoría los 40 años de ayuntamientos en democracia. Una noche llena de alegría. Ver la Casa de la Cultura homenajeando a sus concejales y alcaldes por una causa tan digna como es trabajar para sus vecinos. Les doy las gracias a la corporación por tener este humilde detalle con todos y dar la posibilidad de expresar sus sentimientos libremente a su gente, que son realmente los protagonistas, ellos son la razón de estar aquí. Un imprevisto, desgraciadamente, inoportuno rompió la magia y la concordia de la noche. Cosas que no están puestas en el guión del acto.  Un mal pie de un concejal.  Tuvo la mala suerte que, al levantarse de su silla para ser homenajeado y recibir un diploma y una placa por su reconocimiento a su labor,  se cayó al suelo y se fastidió el tobillo. Todos nos pusimos en lo peor y respiramos aliviados al no ser lo que creíamos. Con este percance se cerró el acto donde nos encontrábamos en la candidatura del año 1991. Los demás concejales recogerían su regalo de reconocimiento y firmarían en el libro de actas para este momento tan significativo. De nuevo doy las gracias y espero que la Democracia siempre esté al lado del pueblo y sus representantes tomen nota de todo.

Yo, en mi humilde persona y como invitado por trabajar en esta causa, tenía algo escrito para expresar mis sentimientos de unidad a mi pueblo. El único interés en mis palabras no es de miedo, ni de rencor, ni desaliento. Mis palabras son de comunicación, de paz, de optimismo porque el camino correcto es el de la verdad. Pido perdón si ofendo a alguien, equivocarme es la cosa más fácil, pero se aprende

En las elecciones del 1995 me presenté en las listas de Izquierda Unida, Los Verdes, Convocatoria por Andalucía. Mi propósito estaba claro. Como un fundador más de la Asociación Ecologista Amigos del Genil quería trabajar por mi pueblo desde el ayuntamiento con el fin de llevar a cabo un propósito, contribuir arrimando mi granito de arena e intentar cambiar la concienciación ambiental, la cultura y crear unos proyectos como por ejemplo La Ruta del José M. el Tempranillo. Trabajé de concejal sin estar liberado, en minoría, dedicando muchas horas, las que le robé a mi familia y a mi trabajo. Una experiencia muy positiva que jamás olvidaré. Fueron años difíciles, pero mereció la pena contribuir en algo tan justo. La democracia gana si sabemos ceder un poco. La democracia gana si reflexionamos con humildad. La democracia es trabajar unidos y con respeto a los demás. La Democracia es la soberanía del pueblo, el derecho a elegir y a controlar a sus gobernantes. Hoy doy las gracias por vivir en Democracia, por compartir este momento, aprendamos que nuestro pueblo espera de nosotros una unión, porque somos una familia dividida. Va siendo hora de romper con los malos consejos. En la vida todos nos equivocamos como humanos que somos. Pedir perdón y rectificar es de sabios. Aprendamos unos de otros y cojamos lo mejor de cada uno, nuestro pueblo se lo merece. Va siendo hora de dejar atrás los rencores, las malas interpretaciones y luchar por la convivencia. La palabra y la humildad es el camino para vivir en una sociedad en Democracia. Espero que mis palabras no se echen en el olvido. Y los que hoy gobiernan y la oposición tomen nota. Que juntos y marcando un rumbo se llega lejos. Badolatosa  necesita una oportunidad para llenar ese espacio vacío que se ha creado. La ilusión y la esperanza se consiguen con el ejemplo. Los Alcaldes y concejales que hoy estamos aquí invitados contribuimos en un momento de nuestras vidas. Hoy de nuevo siendo muy repetitivo os pido que estas nuevas generaciones de alcaldes y concejales aportéis ese granito de arena  en trabajar en este proyecto. La unidad de un  pueblo en Democracia.

6-12-2019

De paso por la vida.

viernes, 15 de noviembre de 2019

UN DÍA DE RUTA

Caminaba por un camino carretero. Hoy se encuentra asfaltado para ir más deprisa y ganar tiempo al tiempo. De momento no es mi caso, camino solo y con un  pensamiento, recorrer una ruta por nuestros parajes,  gozando de la naturaleza y alcanzar la cima de La Sierra La Cabrera. Una primera parada en el mirador del embalse Malpasillo. A mi encuentro una bandada de grajillas levantan en vuelo despavoridas de unos eucaliptos secos. Unas palomas bravías, más tranquilas posadas en los muros de las compuertas, esperando el día. 

Decorando el rellano y la ladera hay unas pitas con las puntas muy tiesas del relente de la noche. El sol saliente se refleja en las aguas tranquilas del pantano. Una lámina de agua adormecida, un espejo donde el azul del cielo parecía poder tocarse. Un espejismo con vida propia partido en pedazos. Unas fochas comunes salieron de las aneas, pateando sobre el agua, rompiendo la magia de la mañana. Seguí caminando por el paraje de Juan Zarco, un camino bacheado y destrozado para ganar un palmo más al campo de labor. Las arcillas, los yesos y los cantos rodados afloran al paso. El arroyo de La Palomera lo atraviesa, con las correntias de la lluvia, cada vez va más profundo e intransitable.   Rodeado de olivos hojiblanca, lechines y picuda. De sus ramas cuelgan las aceitunas, verdes, moradas y negras, esperando ser recolectadas para el molino.  Paso a paso voy llegando al paraje del Portalejo, donde sale una vereda que corta el monte bajo de Los Serruchos. Una  parada  en el mirador del meandro Isla víbora. El río Genil deja constancia de tanta belleza paisajística. El Castillete, los arroyos de La Cantera, el Pontón, el Algarrobo. Un paraje natural donde la Sierra de La Cabrera da fe de tanta hermosura por ser la atalaya del término. Entre pinos carrascos, acebuches, retamas, romeros, espartales, esparragueras, aulagas  y crestones de calizas dolomías caminaba disfrutando de la naturaleza.



La fauna escurridiza no se deja ver. Los cazadores con perros y escopetas los atosigan. Con las primeras aguas de la otoñá, la flora se anima a lucirse. El azafrán silvestre, la mandrágora, los ranúnculos,  los lirios de invierno y los primeros espárragos asoman. La vereda me lleva al arroyo del Pontón, una joya de la Botánica en nuestro entorno. Por mi afición a la flora cuento con más de quinientas especies. La Geomorfología y la Geología hablan de dos bloques de yesos unidos en el periodo Triásico de la era Mesozoica hace unos 250 millones de años, dando lugar a un puente o túnel. Para los vecinos de Badolatosa y la aldea de Corcoya un milagro de la naturaleza al unir las dos vertientes. Bajé a su cauce para disfrutar del milagro. Desde el interior de la gruta de yesos contemplo un trabajo de placas que se abrazan y se dan la mano, una Catedral natural. Corre el agua del manantial de la pililla de la ermita.  Va saltando en pequeñas charcas que la erosión ha formando con los años. Bloques de otros materiales que el arroyo ha arrastrado con la fuerza de las correntias, acompañado de adelfas florecidas, un cañaveral y unas higueras perdiendo las hojas. Sigo mi ruta cuesta arriba a los pies de la sierra. La vereda pasa junto a los restos de unas ruinas, unas edificaciones  de las minas Melito. Pozos y entradas a las galerías de la mina sin señalizar, torres de mampostería haciendo acto de presencia del cable aéreo. Oficinas, viviendas, enfermería, polvorín. Unas tolvas donde almacenaban el mineral de hematites para ser trasportado en vagonetas por el cable aéreo. La historia de las minas Melito, una tragedia con hechos reales y callada. Bajo tierra quedaron los cuerpos de los mineros, sepultados y olvidados. La vereda se va estrechando y da paso a un sendero. Una subida que, por su desnivel, se hace más pesada. Hay tramos más alegres y llenos de colorido, las florecillas de los ranúnculos de color amarillo, una alfombra con miedo a pisar. 



Poco me falta para la cumbre. A mi lado, la cortadura de la mina a cielo abierto, un daño  al medio ambiente. Una huella al paisaje imborrable por el hombre. Algunos pagaron con su vida, sin ser  culpables. Un muro de rocas rodea la atalaya por la cara norte y oeste de la sierra. Como defensa del enemigo o para guardar el ganado. La presencia de cascotes deja claro que otras civilizaciones poblaron la cima, dejando su paso en la historia.
 
Pocos metros me faltan para alcanzar la meta, la cima de La Cabrera. En el vértice Geodésico a 450 metros del nivel del mar. Una panorámica de 360º, donde la vista alcanza cuatro provincias. Córdoba por el Norte, Granada por el Este, Málaga por el Sur y Sevilla por el Oeste. 



Un cielo azul y el viento acariciándome el rostro, un silencio y una soledad buscada, me siento más libre y la paz me llena el alma. Unos bloques de calizas plegadas y levantadas como torres resaltan en la cumbre. Los acebuches, las encinas, coscojas, lentiscos, cornicabras, mata gallos, las jaras, junquillos…una flora mediterránea decorando la sierra. En el espacio vacío surcan una pareja de cuervos con sus graznidos.  Un búho real escondido en un recodo levanta el vuelo. Los cernícalos se dejan ver. El río Genil acaricia la Cabrera a su paso. En su cauce, las aves acuáticas como las polluelas, los porrones, silbones,  azulón real, el calamón, rascones, garzas reales…con la vista puesta en unos aguiluchos laguneros que merodean entre los álamos blancos, los olmos,  los tarajes, sauces, cañaverales, carrizos, espadañas… Vivo unos momentos de mi vida que quisiera y me gustaría compartir con tantas personas que, por algunas circunstancias de la vida, nunca tuvieron la suerte de sentir esta sensación, físicamente, de subir a este punto. En el horizonte, la vista se pierde y alcanza  poblaciones, campiñas, montañas, cordilleras, valles… Vivir rodeado de tanta vida y libertad. Vivimos tan acelerados que no sabemos valorar ni apreciar lo que tenemos a nuestro lado. Hay una pincelada gris en el paisaje. La falta de lluvia y no caer en el momento justo. Las plantas tienen las hojas arrugadas y caídas, los pastizales secos. Unas gotas de agua del cielo llenarían de color el campo, tomaría un verde alegre y agradecido.
 
A lo lejos veo una piara de cabras pastando por sierra Larga. Un perro pastor, con sus ladridos, las va controlando sin perderlas de vista. Los cencerros se escuchan con un sonido hueco, tolón, tolón y otros como unas campanillas. En cabeza, el cabrero, con su garrote en la mano y un hatillo a las espaldas, detrás, el rebaño entre la maleza y arboleda. Una voz de vozarrón se escucha jaleando a los animales en el silencio del monte.
 
Otro día más caminando en compañía de mi sombra y mi bastón de acebuche. Lleva mi nombre grabado y mi firma, unas aves volando en libertad.  Veinticinco años a mi lado apoyándome por caminos, veredas y senderos. Un buen amigo y compañero de rutas. Paso a paso por cerros, sierras, arroyos, ríos… sin prisas. Voy observando y tomando nota de cada planta, animal, minerales, rocas y fósiles de nuestro entorno. Un ecosistema donde los seres vivos conviven y se relacionan entre ellos. Aprendo a respetar y valorar el significado de la cadena de la vida, donde cada especie forma parte de la naturaleza. Nosotros somos el eslabón que incumple las normas: contaminando las aguas y la Tierra, depositando vertidos, colocando trampas y cebos envenenados, quemando el monte, destruyendo y desmontando las sierras… Un día de ruta, donde mi mente y mi alma son una sola. Me siento libre caminando y descubriendo cada rinconcito de mi término, Badolatosa.
 
De paso por la vida.
 
Juan Reyes.

martes, 29 de octubre de 2019

En Silencio

Al pasar por el cementerio una voz interior me invita a entrar. No es obligación es necesidad.



En la entrada principal una puerta de hierro de dos hojas. Su parte baja chapada y cogida con remaches a base de golpes de mazo. Arriba barrotes terminados en lanzas de punta fina, mirando al cielo. Pintada de color negro, negro de dolor. Cada vez que se abren las dos hojas un vecino, un amigo, un familiar lleva los pies por delante. Metido en un ataúd de madera noble. Va para un siglo abriendo y cerrando ¡Cuántos sin un día señalado y una fecha en el calendario!


Voy recorriendo sus calles sin nombre ni números, en silencio y con respeto absoluto. Solo los estorninos y gorriones revoloteando y con su canto lo rompen. Están llenas de flores, unas del tiempo, otras de tela, de plástico hay muchas, no importa, todas tienen el mismo significado y ofrenda. Unas velas encendidas, unas llamas de “no te olvido”, hay momentos en que se desdibujan, figuras caprichosas que cambian con la fuerza del viento y cuando aprieta fuerte las ahoga. Nichos elaborados con las manos, unos levantan panteones, otros apilados como colmenas, bajo tierra son los menos, antaño las cruces clavadas en hileras brotaban del suelo.

Revestidos de granito, otros de piedras marmoleadas,  azulejos de imitación, de mortero y encalados con cal, no importa el color, ni el material, nuestros seres queridos reposan en paz.

En letras grandes y en el sitio más vistoso, PROPIEDAD …FAMILIAS…para que todo el mundo reconozca y se acuerden de ellas. Grafías grabadas en las lapidas, fechas muy señaladas, el nacimiento con una estrella, su muerte con una cruz. Nombres y apellidos de los difuntos, recuerdos de los que se quedan, epígrafes de añoranza.

“¡Siempre estarás en nuestros corazones, porque tú alegría perdurará en cada uno de nosotros!”

“Y todo el qué vive y cree en mí, no morirá para siempre.”

“Quererte ha sido fácil, olvidarte imposible. De tus hijos y nietos.”

“Su amor fue la familia, su pasión el trabajo, su divisa el deber, su lema la verdad y la honradez.”

“Y sé que cada día mientras viva te seguiré queriendo y te echaré de menos.”

“Con Soledad, Recuerdos, Lágrimas y Miradas nos dejaste tu pequeña “Sinfonía inacabada”... Lucía.”

“Se acabó tu recorrido por este mundo. Nos has dejado desolados y llenos de dolor, en el consuelo de que empiezas una nueva vida al lado del Señor.”


Cada nicho es un rinconcito privado, un “altarito” donde los sentimientos brotan en lo más sagrado. Los rostros de la Virgen, de Jesús, del difunto. Repisas con crucifijos, jarrones y centros, farolillos y floreros. Todo es poco para recordar que un día estuvieron con nosotros. La vida sigue y yo me despido, dejando atrás a tantos con los que un día compartí unos momentos de mi vida.  
                                                        
De paso por la vida.

Juan Reyes

martes, 22 de octubre de 2019

El Milagro Fallido

Estaba en el rellano de la ermita de la Virgen de la Fuensanta en la aldea de Corcoya. Las campanas repicaban. Era el último toque para la misa de un difunto. Los familiares, amigos, compañeros y vecinos lo acompañaban. Sería su última visita al santuario, donde él fue tantas veces  acompañando a su virgen en la romería a pedir con devoción salud para su familia. Las bancas de madera estaban ocupadas y las puertas abiertas. La gente fuera en silencio. Yo, en el rellano, frente al altar de la ermita. El párroco dijo: “Sentaos” y tomé asiento en un poyete de obra rustica. Por un momento bajé la mirada al suelo. Bajo mis pies un hormiguero. El párroco decía: “Después de la muerte...” Yo  tranquilo observo a una hormiga que cargaba con una semilla en la boca. Estaba dando vueltas por el hormiguero. Se acercaba al agujero pero deprisa se daba la vuelta, una y otra vez. Repetía la misma escena, mientras todas alegres entraban con su alimento en la boca. Era la temporada de almacenar y llenar los graneros para el invierno. La miro fijamente para confirmar que era cierto. No encontraba explicación al problema. Por un momento quise ayudar, ¿pero porqué? La naturaleza es sabia, mejor dejarlo todo como está. La misa avanzaba y yo preocupado por la situación de angustia que estaba viviendo esa pobre hormiga. Con los brazos apoyados en mis rodillas y los ojos puestos en su empedrado. Unas piedras de cantos rodados con historia. Si las piedras hablaran…


¿Cuánto dolor y sufrimiento han pisado con pies desnudos y la mirada al cielo? La fe y la devoción de cada uno buscando una solución a sus problemas. Año tras año se fueron gastando por fieles con velas y ofrendas para pedir un milagro a su virgen. La primavera va dando paso al verano y el párroco nos manifiesta el amor a los seres vivos. Yo me siento como un buen samaritano y cristiano. Quiero hacer un milagro. Con toda mi bondad y cuidado de no hacerle daño a esta hormiga descarriada, perdida o con demencia, ¿no sé? Con las puntas de los dedos muy suave la agarro mostrando mi amor a los animales. La voy dejando caer en el agujero del hormiguero para enseñarle donde está la entrada. Terminaba la misa y no me dio tiempo a santiguarme, solo fue un instante. Todas se abalanzaron sobre ella hasta darle muerte. No lo comprendía, lo único que yo quería es ayudarle a terminar su trabajo introduciéndola dentro. Fue un milagro fallido, lo reconozco. Al levantar los pies lo comprendí mejor. Estaba tapando con mi zapato la entrada de su hormiguero y era de otra especie. Ese día me quedó muy claro que los milagros no es lo mío y comprendí que con  la naturaleza  no se juega.
 
De paso por la vida.
 

J.Reyes   

ENTRE RECUERDOS

  ENTRE RECUERDOS El 9 de febrero de 1927 amanecía en las huertas de “La Manga”. El sol asomaba tímidamente por los cerros de J...