martes, 29 de octubre de 2019

En Silencio

Al pasar por el cementerio una voz interior me invita a entrar. No es obligación es necesidad.



En la entrada principal una puerta de hierro de dos hojas. Su parte baja chapada y cogida con remaches a base de golpes de mazo. Arriba barrotes terminados en lanzas de punta fina, mirando al cielo. Pintada de color negro, negro de dolor. Cada vez que se abren las dos hojas un vecino, un amigo, un familiar lleva los pies por delante. Metido en un ataúd de madera noble. Va para un siglo abriendo y cerrando ¡Cuántos sin un día señalado y una fecha en el calendario!


Voy recorriendo sus calles sin nombre ni números, en silencio y con respeto absoluto. Solo los estorninos y gorriones revoloteando y con su canto lo rompen. Están llenas de flores, unas del tiempo, otras de tela, de plástico hay muchas, no importa, todas tienen el mismo significado y ofrenda. Unas velas encendidas, unas llamas de “no te olvido”, hay momentos en que se desdibujan, figuras caprichosas que cambian con la fuerza del viento y cuando aprieta fuerte las ahoga. Nichos elaborados con las manos, unos levantan panteones, otros apilados como colmenas, bajo tierra son los menos, antaño las cruces clavadas en hileras brotaban del suelo.

Revestidos de granito, otros de piedras marmoleadas,  azulejos de imitación, de mortero y encalados con cal, no importa el color, ni el material, nuestros seres queridos reposan en paz.

En letras grandes y en el sitio más vistoso, PROPIEDAD …FAMILIAS…para que todo el mundo reconozca y se acuerden de ellas. Grafías grabadas en las lapidas, fechas muy señaladas, el nacimiento con una estrella, su muerte con una cruz. Nombres y apellidos de los difuntos, recuerdos de los que se quedan, epígrafes de añoranza.

“¡Siempre estarás en nuestros corazones, porque tú alegría perdurará en cada uno de nosotros!”

“Y todo el qué vive y cree en mí, no morirá para siempre.”

“Quererte ha sido fácil, olvidarte imposible. De tus hijos y nietos.”

“Su amor fue la familia, su pasión el trabajo, su divisa el deber, su lema la verdad y la honradez.”

“Y sé que cada día mientras viva te seguiré queriendo y te echaré de menos.”

“Con Soledad, Recuerdos, Lágrimas y Miradas nos dejaste tu pequeña “Sinfonía inacabada”... Lucía.”

“Se acabó tu recorrido por este mundo. Nos has dejado desolados y llenos de dolor, en el consuelo de que empiezas una nueva vida al lado del Señor.”


Cada nicho es un rinconcito privado, un “altarito” donde los sentimientos brotan en lo más sagrado. Los rostros de la Virgen, de Jesús, del difunto. Repisas con crucifijos, jarrones y centros, farolillos y floreros. Todo es poco para recordar que un día estuvieron con nosotros. La vida sigue y yo me despido, dejando atrás a tantos con los que un día compartí unos momentos de mi vida.  
                                                        
De paso por la vida.

Juan Reyes

martes, 22 de octubre de 2019

El Milagro Fallido

Estaba en el rellano de la ermita de la Virgen de la Fuensanta en la aldea de Corcoya. Las campanas repicaban. Era el último toque para la misa de un difunto. Los familiares, amigos, compañeros y vecinos lo acompañaban. Sería su última visita al santuario, donde él fue tantas veces  acompañando a su virgen en la romería a pedir con devoción salud para su familia. Las bancas de madera estaban ocupadas y las puertas abiertas. La gente fuera en silencio. Yo, en el rellano, frente al altar de la ermita. El párroco dijo: “Sentaos” y tomé asiento en un poyete de obra rustica. Por un momento bajé la mirada al suelo. Bajo mis pies un hormiguero. El párroco decía: “Después de la muerte...” Yo  tranquilo observo a una hormiga que cargaba con una semilla en la boca. Estaba dando vueltas por el hormiguero. Se acercaba al agujero pero deprisa se daba la vuelta, una y otra vez. Repetía la misma escena, mientras todas alegres entraban con su alimento en la boca. Era la temporada de almacenar y llenar los graneros para el invierno. La miro fijamente para confirmar que era cierto. No encontraba explicación al problema. Por un momento quise ayudar, ¿pero porqué? La naturaleza es sabia, mejor dejarlo todo como está. La misa avanzaba y yo preocupado por la situación de angustia que estaba viviendo esa pobre hormiga. Con los brazos apoyados en mis rodillas y los ojos puestos en su empedrado. Unas piedras de cantos rodados con historia. Si las piedras hablaran…


¿Cuánto dolor y sufrimiento han pisado con pies desnudos y la mirada al cielo? La fe y la devoción de cada uno buscando una solución a sus problemas. Año tras año se fueron gastando por fieles con velas y ofrendas para pedir un milagro a su virgen. La primavera va dando paso al verano y el párroco nos manifiesta el amor a los seres vivos. Yo me siento como un buen samaritano y cristiano. Quiero hacer un milagro. Con toda mi bondad y cuidado de no hacerle daño a esta hormiga descarriada, perdida o con demencia, ¿no sé? Con las puntas de los dedos muy suave la agarro mostrando mi amor a los animales. La voy dejando caer en el agujero del hormiguero para enseñarle donde está la entrada. Terminaba la misa y no me dio tiempo a santiguarme, solo fue un instante. Todas se abalanzaron sobre ella hasta darle muerte. No lo comprendía, lo único que yo quería es ayudarle a terminar su trabajo introduciéndola dentro. Fue un milagro fallido, lo reconozco. Al levantar los pies lo comprendí mejor. Estaba tapando con mi zapato la entrada de su hormiguero y era de otra especie. Ese día me quedó muy claro que los milagros no es lo mío y comprendí que con  la naturaleza  no se juega.
 
De paso por la vida.
 

J.Reyes   

viernes, 4 de octubre de 2019

Bajo la Zorrera

Sentado en un viejo tronco, arrastrado por la corriente del río y acopiado en una alameda de álamos blancos. Bajo su sombra; con mi mochila, mi bastón de campo, mi sombrero de paja y un suelo de arena fina. Envuelto por el silencio y la tranquilidad del sotobosque. Una pareja de tórtolas posaban en sus ramas y se arrullaban con sus picos. Unos ruiseñores cantaban y un viento suave hacía bailar las copas. Recuerdo la vereda estrecha, que bajaba a La Zorrera, cortando la pared de margas blancas. Un caminito escavado, paso a paso, por el hombre para cruzar el río. 


Unas piedras en su cauce, acortando el camino. Hoy, las aguas corren  transparentes. Las algas se balancean en el fondo como una culebra y el cañaveral me saluda, como banderas al cielo. 



Bajo la Zorrera las adelfas, las salicarias y el poleo silvestre nos envuelven con sus olores y aromas. Juncos y eneas forman parte del entorno y los pajarillos beben desconfiados mirando a su alrededor. Los rayos del sol deslumbran y cortan como cuchillos el sotobosque. Las zarzas trepan y se enredan en la maleza. Las ramas de los álamos blancos acarician las aguas tranquilas. Todo envuelto en un romance de frescura y ternura. 


Una charca con aguas plácidas y transparentes, el fondo de cantos rodados y arenas de grano grueso. Unos pececillos juegan en los huecos y unas ranas con la mirada boba puesta en las libélulas.

 
La orilla cubierta por un manto de hierba fresca y frondosa. Donde pasta un caballo de crin zaina y bella estampa. Una mula castaña con las orejas tiesas y su cola aspavientan las molestas moscas del verano. Un borriquillo andaluz se revuelca en un suelo de arena fina, con las patas en alto y su cara alegre. ¡Qué felices se ven los tres, sin trabas, sin cabestros, ni vallas!
Bajo la Zorrera, en las compuertas de la presa Malpasillo, un ir y venir de palomas bravías. Se posan en las chorreras para refrescarse y buscan un recodo para anidar, en sus muros anchos y fuertes. Los que dan sombra a las Huertas Nuevas.


A un lado de la orilla, paredes de margas blancas, cubiertas de retamas, alcaparras y pastizales. Su cauce, una calzada con un firme de rocas, conglomerados y gravas. En la otra margen quedan los sedimentos arrastrados por el río. Se ha formado un bosque en galería por tarajes, álamos blancos y negros. A los olmos y los mimbres le acompañan un cañaveral impenetrable dando cobijo a las aves mosquiteras, los verderones, los jilgueros…

Bajo la Zorrera un paraje natural, un rinconcito creado por la naturaleza, donde el ser humano actúa y domina a su antojo.

DE PASO POR LA VIDA.



jueves, 11 de julio de 2019

El Último Arriero de Badolatosa

El Último Arriero de Badolatosa es un libro escrito y publicado por mí en el año 2017 en el que relato la vida de Manolillo "el Carrero".

Escribí el libro como homenaje al mundo de la arriería de Badolatosa.

jueves, 13 de junio de 2019

Cultura y Educación (Capitulo V)

No sé si existe la cultura del arte de soñar en un mundo más equitativo. Somos animales racionales si tenemos la barriga llena. Cuando el alimento no llega, las fuerzas flaquean y nos volvemos más agresivos e irracionales. No tenemos amigos y sacamos el animal que llevamos dentro. La cultura y la educación pasan a segundo plano. Ese es el mejor ejemplo para demostrar que con la barriga llena se piensa mejor y las cosas son muy diferentes. En este mundo hay mucha hambre, miseria, esclavitud. El hombre no debería ser olvidadizo. Pueblos civilizados con tal alto nivel cultural en el siglo XXI. No deberíamos sentirnos orgullosos si una parte de la humanidad pasa hambre. 2.800 millones de personas viven con menos de 2 dólares al día. 448 millones de niños sufren de bajo peso. 876 millones de adultos son analfabetos, de los cuales dos terceras partes son mujeres. Cada día, 30.000 niños menores  de cinco años mueren de enfermedades que podrían haber sido evitadas. Más de mil millones de personas no tienen acceso al agua potable. El 20% de la población mundial posee el 90% de las riquezas.

Hablar de cultura y educación es un mundo muy extenso e infinito. Los estudiosos, filósofos, intelectuales, ideólogos, antropólogos han estudiado las cosas y al ser humano desde que nace y su comportamiento a lo largo de su vida. Los seres humanos somos tan diferentes, cada uno tiene sus propios pensamientos y su forma de actuar en la vida. Sin generalizar y con la experiencia de los años vividos he conocido a personas con mucha preparación académica, otros con cargos importantes y una buena economía. Y su actitud y proceder con arrogancia, mirando a los demás por encima del hombro, ignorándolos y creyéndose superiores a los demás. Dejan que desear de su cultura, educación y respeto a los demás.

Las personas viven en países diferentes. Nacen en una capital, en un pueblo, en una casa rural, en la sierra. Las personas viven en unas familias de clase alta, media o baja. Las oportunidades no son iguales, ni su cultura ni sus relaciones, ni sus comportamientos. Todos tenemos los mismos derechos, pero las posibilidades cambian. La vida es una lotería, a unos les toca, otros pierden y otros nunca tuvieron la oportunidad de comprar el décimo.

Me he criado en una familia pobre y humilde, pero me siento orgulloso sin serlo. Mi padre y mi madre nos han transmitido sus valores y  nos han educado para ser honrados, trabajadores, humildes, cariñosos, respetuosos con las personas y las cosas, amar, compartir, valorar, soñar, luchar.  Han sido un ejemplo a seguir siempre y mis hermanos y yo queremos inculcar estos principios a sus nietos y a las generaciones venideras. Los principios de una sociedad que quiere vivir en paz. Es verdad que, por las circunstancias de la vida y por desgracia, tuvimos que abandonar el colegio y el mundo de ser niños. Eso también ayuda a valorar lo poco que tienes, a estar más unidos y a comprender que para conseguir algo tienes que ganártelo con tu esfuerzo. La vida no regala nada.

Mi forma de pensar, razonar y de ver la vida es conocer nuevos mundos, nuevas civilizaciones. Gente importante del mundo de las artes, etc. Es conocer también nuestro medio ambiente,  hacer un resumen de nosotros, los valores naturales, sociales y culturales existentes que tenemos. Que nos influye en la vida material y psicológica, en estos momentos, y en un futuro a las  generaciones venideras. Mi cultura es la convivencia de cada día. Aprendo escuchando, observando, valorando. Me gusta cambiar impresiones con buenos modales y educación. Los  saludos, cada mañana dando los buenos días. Me interesan las inquietudes, las nuevas ideas, las que hacen a los pueblos más cultos y desarrollados. Mi gran obra de arte es mi familia. En los momentos de ocio me gusta la ecología. La ciencia que se encarga del estudio y análisis de los ecosistemas. Contemplar desde la atalaya de la Sierra de la Cabrera los parajes naturales y su riqueza biológica. Disfrutar de las bellas panorámicas en el horizonte, situado en la cima del término de Badolatosa, mi tierra.

La cultura y la educación van cogidas de la mano, son dos buenas aliadas y amigas. La lectura es la mejor herramienta que tenemos al alcance de la mano para formarnos y ayudarnos en la vida a ser más cultos. Voy aprendiendo cada día de mis errores y mis faltas. Formándome y aprovechando esta oportunidad que la vida me ha dado para expresar mis pensamientos. Mi vocabulario es pobre igual que mi forma de escribir. Me expreso como lo siento. Llanamente sin utilizar palabras técnicas. Todas vienen en el diccionario, intentaré mejorar e ir corrigiéndome. Hace dos años escribí mi primer relato. Una obra dedicada a un vecino. Un homenaje al mundo de la arriería. Manolillo, “El Carrero” El último Arriero de Badolatosa. Lo hice con la ayuda de otras personas a las que estaré siempre agradecido.

La vida no quiere  prisas. Nosotros vamos acelerados. Todo tiene su día y su momento. Aprovecha el tuyo. Ser culto y educado con todo el mundo es la mejor fórmula para vivir en sociedad.
 
Juan Reyes

lunes, 10 de junio de 2019

Cultura y Educación (Capítulo IV)

Mis padres, con todo su dolor, nos tuvieron que sacar del colegio. No fue un capricho ni por lujos. Las necesidades de aquellos años para comer y vivir un poco más decentemente. Jamás los juzgué culpables. Eran años difíciles para la clase obrera. Estudiar y sacar una carrera quedaba para las familias acomodadas. Las consecuencias de las malas políticas de los gobernantes, que no se implicaban lo suficiente, y asumían una tasa tan baja en escolaridad, un analfabetismo de un sesenta por ciento hacen un pueblo inculto. Una buena base en educación y cultura contribuye a formar y crear una sociedad libre y culta.

Hablar de cultura es muy fácil. La palabra cultura tiene un significado muy extenso. Conjunto de conocimientos e ideas no especializadas adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo. Incluye el arte, las creencias, la ley, la moral, las costumbres y todos los hábitos y habilidades adquiridos por el hombre. Es de origen latino cultus que significa “cultivo”. A su vez deriva de la palabra latina colere. La cultura, en la lengua latina, entre los romanos, tenía el sentido de la agricultura, y se refería al cultivo de la tierra para la producción.

En los parajes naturales de Badolatosa, junto a la orilla del río Genil, mi familia aprovechaba las tierras más fértiles para el cultivo de la huerta. Me imagino que mis ancestros vivirían en chozas. Construidas por ellos mismos, levantando unas paredes a media altura de arcilla y un entramado de palos con cañas y varetas de olivo. Un refugio para resguardarse de las inclemencias del tiempo. En esa misma ribera, mi abuelo tenía su casa: sus paredes de tierra prensada, piedras y ladrillos viejos, enlucidas con una capa de yeso grueso. Una cocina comedor con la chimenea y el suelo empedrado. La segunda planta, la cámara, donde dormían todos juntos. Su cubierta fabricada con un entramado de vigas, cañas y tejas árabes. Bajo ese techo y esas paredes se crió mi padre junto a su familia. Comiendo de lo que daba la huerta. Tan humildes que de niños no tenían zapatos y sólo una vestimenta, que cuando se la quitaban para lavarla, esperaban  desnudos por no tener otra muda. 

Para mi familia su cultura era labrar la tierra de la huerta. El sol y el agua que levantaba la noria para regar sus hortalizas y frutales. Ellos, sin saber leer ni escribir, conocían y se valían de lo que escucharon de sus ancestros que eran gente sabía. Se guiaban por las lunas y las estaciones del año. Recoger las mejores semillas y guardarlas para la sementera. Preparar la tierra para la siembra. Cada hortaliza tiene una época para replantar. La fecha de la poda. Qué horas eran las mejores para regar las plantas. Aprovechaban todos los recursos naturales que tenían en su entorno. Del soto cortaban las cañas para guiar los tomates. Las hojas de la misma planta o la enea las utilizaban para amarrar las  lechugas, la escarola. Del río, la pesca, de la sierra y el monte conocían cada rincón. Poner las trampas para la caza. Dónde se criaban las mejores esparragueras, trigueras, serreñas, morunas. Las matas de las alcaparras, almendros, las collejas, el cardillo, la verdolaga, el esparto, las plantas medicinales, las aromáticas. Una cultura de supervivencia. Ir viviendo cada día del fruto de la tierra donde nacieron. Su educación consistía en el respeto a los mayores como un privilegio. Apreciar y valorar lo poco que tenían. No era mucho, otras familias tenían menos. La honradez estaba presente, la familia unida. Los amigos eran de verdad. Una educación que se trasmitía de padres a hijos. Pobres y humildes sin lujos. En un  rincón de nuestra Andalucía, donde la marginación de los pueblos estaba presente. Con tan poco hablan de sus recuerdos con alegría. Los juegos en el soto, los baños en el río, las historias orales que su padre les contaba al lado de la lumbre en los días de lluvia. ¡Para ser felices no necesitarían tanto! Un ropero lleno de vestidos, zapatos, los que no te pones, muebles llenos de tonterías… Cuentan que pasaron muchas necesidades. Que los rábanos y las papas quitaron muchas hambres. Que las hortalizas no cubrían tantas carencias en la casa y con ayuda de los jornales de la siega, las temporadas de las cosechas de la aceituna fueron pasando los años. Se hacían mayores y querían emprender una nueva vida, la suya. 

Mi padre formó su familia, no sabía escribir ni leer. Nunca pisó la escuela. Pero firmaba con su nombre y su primer apellido. Su rúbrica identificaba a un hombre que no tenía estudios. Unas letras grandes, desordenadas y unidas con el mismo trazo. Mi madre me sorprendía. Estuvo en el colegio de paso y aprendió a leer y no a escribir. Al igual que mi padre imprime su firma con los mismos trazos en todos los documentos que lo requieren, como he comentado anteriormente. Nos educó como a él lo educó su padre. Unos principios de respeto a las personas mayores y a los demás. Saber convivir con la gente. Valorar lo que se tiene. Dar gracias por lo que recibimos.  No querer apropiarte de lo ajeno. No ser envidioso ni vanidoso. La familia lo primero. Ayudar y echar una mano siempre. Tener ética y moral. Ser uno mismo. Saber estar en tu puesto de trabajo. No dejarme llevar por otros caminos que no llevan a ninguna parte. Una lista que no terminaría nunca. 

El primer libro que tuvimos en casa de mis padres fue el libro de familia numerosa. Un libro donde se fueron llenando las páginas al irse registrando en el juzgado de paz de Badolatosa cada uno de mis hermanos.  En casa teníamos una cómoda de madera con cinco cajones que compró como dote cuando se casaron. En el primer cajón empezando por la parte de arriba guardaban todos los papeles que teníamos en el hogar. El libro de familia numerosa, la cartilla de la seguridad social donde justificaba el nombre de cada uno para tener derecho a una sanidad pública y gratuita. Los recibos de las cotizaciones del régimen agrario que cada mes pagaba. Las facturas de este mueble que en realidad eran unos papeles donde ponía me deben y entrega. Unas quinientas pesetas para pagarlas en plazos durante un año al carpintero artesano que se la elaboró. Las facturas de la primera bicicleta, un lujo en aquellos años. Todos no disponían de ese medio de locomoción. Para pagarla en dos años cómodamente por el valor de 700 pesetas. Las facturas de la lavadora. Mi madre les recordaba a sus vecinas con alegría el detalle de su marido. El mejor regalo material que mi padre le hizo a mi madre en toda su vida. Los recibos del alquiler de la casa donde vivimos en la barriada San José Obrero. Algunas nominas  de las jornadas que mi padre trabajaba en las empresas de la construcción. Ese cajón contenía toda la lectura gramática, la más importante de mi familia, bajo llave. Sin contar las hojas de periódicos que embalaban algunos productos que se compraban. La lata de leche condesada “La Lechera”, los envoltorios de las pastillas de jabón “Heno de Pravia” o la caja de gaseosa “El Tigre”. Con mucho esfuerzo fueron llegando los  cuadernillos y las cartillas.  Con la Ley General de Educación Básica de 1970 llegan los libros de texto y las fichas individuales de cada asignatura. Lengua o lenguaje, Matemáticas, Ciencias, Física y Química, Naturaleza y Sociedad, Catecismo. Fueron pasando los años y los libros pasaban de unas manos a otras. ¡Seis hermanos! Mirando por ellos, forrando las pastas. Perder la mala costumbre de subrayar algunos apuntes y doblar las hojas.  A veces nos lo cambiábamos con otras familias para sacar el máximo rendimiento. 

Una tarde pasaron por casa unos vendedores de libros. Vendían un Diccionario enciclopédico Larousse, 10 volúmenes  de la Real Academia Española y siete tomos de la Librería Editorial Argos de los años 1968 a 1971. Primeras ediciones. Títulos de volúmenes: 1º Dime por qué, 2º Dime qué es, 3º Dime dónde está, 4º Dime cómo funciona, 5º Dime cuéntame, 6º Dime quién es, 7º Dime cuál será mi profesión. Mi padre nos consultó sobre cual nos ayudaría mejor para estudiar. Las dos ediciones eran interesantes. La enciclopedia la tendríamos. Hay para consultar cualquier duda, el significado de todas las palabras y su contenido. Pero de mutuo acuerdo, todos los que podíamos opinar coincidimos en  adquirir los siete tomos de Argos. Las  preguntas que tantas veces nos hemos hecho las podíamos obtener con las ilustraciones en color y las respuestas para niños y mayores. Tres mil quinientas preguntas con sus respuestas. Un mundo apasionante que fue positivo y aprovechamos. Han pasado cuarenta y ocho años y los conservamos en recuerdo de los primeros libros que entraron en casa. 

La cultura de las bellas artes se compone y divide en muchas ramas. Todas son interesantes y nos ayudan a sentirnos más libres. Nos aportan algo a cada uno en un momento de ocio, en nuestras vidas nos ayudan a sentirnos más felices, a relajarnos, a disfrutar de  un mundo donde la imaginación no tiene fronteras.
¡Cuántas emociones con una obra de teatro de Federico García Lorca cómo “Bodas de Sangre”!
¡Cuántas reflexiones con la escultura de Auguste Rodin, “El Pensador”….!
¡Quien no se ha relajado con la música de Leo Rodas con la flauta de pan, “El Cóndor pasa”….!
¡Cuántas carcajadas con los Hermanos Marx en el cine con la película “El Camarote”.!
¡Quien no ha leído los relatos poéticos de Juan Ramón Jiménez “Platero y Yo”.!
¡Cuántos hemos  soñado perdernos por la arquitectura Andalusí en La Mezquita de Córdoba o La Alhambra de Granada….!
¡Cuántos ojos han admirado las pinturas de los cuadros de Velázquez, Murillo, Julio Romero de Torres…!
¡Quien no ha movido los pies y ha sentido correr por su cuerpo un cosquilleo viendo la danza flamenca. Ese golpeo de pies o taconeo. Una explosión emocional de pasión en un cuerpo de bailaor/a, inspirado en la música y el baile flamenco. Como Joaquín Cortés o Carmen Amaya! 

miércoles, 5 de junio de 2019

DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Hoy, cinco de junio, celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente. Vivimos en un mundo donde consumir es la primera necesidad para ser feliz. Sin pararnos a pensar que, con el consumismo, nuestro planeta lo estamos enfermando y debilitando. Una realidad que los científicos anuncian. Malos tiempos pronostican para la Tierra. Donde vivimos todos los seres vivos. Me gustaría que reflexionáramos solo cinco minutos de los 1440 que tiene el día. Hay muchas formas de ser feliz, sin destruir la naturaleza. Nuestros antepasados disfrutaban con ver un amanecer tumbados en un suelo de hierba fresca. Sentados al anochecer en una roca mirando las estrellas y atizando el fuego junto a la hoguera. Una piel cubría su cuerpo y una cueva su refugio. Queremos rodearnos de tantas cosas que la felicidad no la encontramos. Tener, poseer, adquirir lo último del mercado, cueste lo que cueste. Estamos perdidos, ciegos, por la obsesión de yo más que tú. De todos depende que, en nuestro Mundo, triunfe la vida. Inyectemos una dosis de esperanza, de ilusión, de amor. Olvidemos que ser feliz no es poseer. La verdadera razón de la vida es amar a las personas y a las cosas. Nuestro mundo necesita que lo quieran como un ser vivo que es.
 







Fotos propiedad de J. Reyes

ENTRE RECUERDOS

  ENTRE RECUERDOS El 9 de febrero de 1927 amanecía en las huertas de “La Manga”. El sol asomaba tímidamente por los cerros de J...