jueves, 13 de febrero de 2020

SIN FECHA NI DESTINO

Esta carta sin fecha ni destino está escrita con todo mi amor y el dolor más profundo a la mujer de mi vida; ella no la espera y yo no la olvido. Han pasado diez  años, cuatro meses y quince días; estaba amaneciendo y los gallos cantaban, su canto era triste y frío, como una despedida. Entraba la primavera y los campos rebosaban vida, por la vieja ventana de madera medio abierta, el olor azahar de los naranjos envolvía la habitación  con su aroma, y un rayo de sol traspasaba los visillos reflejando en su cara una sonrisa perdida. Con toda su lucidez sacó fuerzas de donde no había, y con voz tierna y rota pronunció sus últimas palabras para decirme que estaba preparada. Había llegado su hora. Sus manos acariciaban las mías con ternura mirándome a los ojos. Por sus mejillas corrían dos lágrimas como dos gotas de rocío,  poco a poco se fue apagando en un suspiro profundo que cortaba el aire como un puñal de hoja fina arrebatándole la vida. Si grande era mi pena, más fue la suya.

Yo te perdí para siempre, tú  te marchaste sola, con las manos vacías; atrás dejabas todo por lo que tanto luchaste. El día se hizo noche, el corazón añicos, y la alegría de la casa se desvanecía. Nuestro amor que nació una primavera paseando junto a la orilla del río, rodeado de álamos blancos y mimbres, el canto de los pajarillos nos arrullaba...Fue nuestro primer beso a escondidas. Tu cara sonrojada y mirada dulce me desbordó  el corazón, y aquel día te jure que sólo nos separaría la muerte.

Cuando te fuiste, compañera, abuela, madre y esposa, nunca llegué a concebir tu pérdida y exclamé al mundo lo injusta que es la vida. Recordar tus palabras me consolaba….¡Hay que ser agradecidos por los años  que hemos vivido juntos, no olvides que otros tuvieron peor desdicha; en esta vida estamos de paso, el momento es lo que cuenta, lo bueno y lo malo son compañeros, que igual que te dan te quitan!

La ilusión de ver nacer a tu nieta te mantuvo más tiempo a nuestro lado, grabado lo tengo en mi mente. Una paz interior y sosiego llenó un hueco en tu corazón, al ver entre tus brazos esa vida nueva que con tanta ternura acariciabas. Había llegado el nuevo relevo. Ella lleva tu nombre, María,  para no olvidarte nunca. Van pasando los años y parece que fue ayer cuando te despediste. No puedo evitar derramar unas lágrimas al abrir la puerta del ropero, donde siguen colgados tus vestidos, el vestido rojo que nunca te pudiste poner esperando un soplo de esperanza; el de novia que nunca quisiste desprenderte de él. En el joyero está tu alianza de desposada, el juego con la gargantilla, los zarcillos y la pulsera que te regalé por nuestras bodas de plata. ¿Recuerdas la primera vez que nuestro amor  se consumó? Fue una noche apasionada, como las olas del mar acariciando la arena, como una tormenta de verano; un amor que fue creciendo y dando su fruto; toda una vida juntos.

Durante el día me refugio en el calor de nuestra familia, siempre están ahí , cuando más los necesito, cuantas veces dicen: ¡si mamá estuviera con nosotros!
Tu nieta María es una mujercita, con tu cara y la misma sonrisa. Cada noche, cuando cierro la puerta de la casa, el mundo se me cae encima, la soledad es mi compañera, la almohada mi amiga, sólo me consuela soñar con los ojos abiertos recorriendo cada momento que vivimos juntos; espero algún día estar de nuevo a tu lado. Cierro esta carta sin fecha ni destino a la mujer de mi vida, tú no la esperas y yo no te olvido.

De paso por la vida.

Juan Reyes

martes, 4 de febrero de 2020

¡PARA MORIR NO HAY QUE TENER PRISA!

Decía mi amigo “Para morir no hay que tener prisa”. Pronto cumpliría los noventa años y no encontraba el momento justo para despedirse de esta vida. Vivía obsesionado con la muerte, la suya. Con su edad pensaba que le perseguía a todas partes. La única esperanza y tranquilidad que tenía: creer que se había olvidado de él. Cada uno tiene su día, su hora y una fecha, cosas de las matemáticas, los números o el destino. En un momento tan íntimo, donde es una lucha entre dos y la realidad es uno mismo.  No hay un perdedor ni un ganador, se vive y se muere. Me decía: “si muero que no sea a oscuras. Dejadme la ventana abierta para que pase la luz del día. Si es de noche, una bombilla encendida, tengo tiempo para estar en lo tenebroso. No me importa la muerte, si no es la mía, no la buscaré, me repela pensarlo, igual que el aceite y el agua. Una muerte digna y tranquila,  una despedida sin pañuelos ni lágrimas, un adiós con una sonrisa. A donde voy no me esperan y no creo que me echen en falta, qué más da uno u otro.  Sé que morir es una parte de la vida, pero sin prisa. No hay que reírle a la muerte, ni llorar si no llega. Pienso que todos estamos apuntados y mi apellido empieza por la R. Morir sin ganas no tiene gracia, morir por morir no entra en mis planes. No te alegres de la muerte de otro, tuviste suerte y pasó de paso. Nunca es el momento.”- me decía- “siempre hay tiempo en el tiempo. Cuando llegue mi amiga y compañera, la que convive conmigo desde que nací, la recibiré como una parte más de una sinfonía, donde la música y las voces de fondo suenen, vivir o morir, sin segundas oportunidades. Si puedo elegir lo tengo muy claro, no deseo la muerte que significa fin de la vida. Mi pena es que me iré dejando atrás lo que tanto he amado y luchado, mi familia. Otra parte de mi vida que echaré de menos, donde me sentía más libre,  y una libertad  encontrada, otra forma de amar la vida, rodeado de la naturaleza. La que sentía como mía, hablando en voz alta en mi interior con ella. Lo tenía muy claro, que vale la pena luchar por este mundo, un regalo prestado. Su creador o inventor, un soñador con un espíritu y una imaginación desorbitada. Una inteligencia sobrenatural proyectada en un espacio vacío, dando vueltas en una parte del universo. Sin saber dónde empieza y donde acaba. Nada creado natural en esta vida es igual, como los copos de nieve, como las gotas de agua, los granos de arena, los seres humanos…”

Cuando naces nadie te pregunta si querías vivir. Fue fruto de un amor verdadero y deseado o una noche apasionada llena de hormonas incontroladas.  Para morir no hay respuestas, solo se necesita estar vivo. Se puede morir de amor. Se puede morir de risa. Se puede morir de pena. Se puede morir a gusto. Se puede morir de hambre…  Para morir no hay que tener prisas. La vida está compuesta de partituras como la música. Unas de alegrías y fortalezas, otras de angustias y penas, otras donde solo tú la compones, adaptando  el ritmo y los pasos. Una vida de rosas y espinas, de jazmines florecidos. Una vida de damas de noche y limoneros luneros. Una vida de novelas y fábulas. Una vida de sueños inacabados y visiones imaginativas. Una vida donde te sientes ave y presa. La vida y la muerte es una sola, que se aman y pelean, no se miran a los ojos, desconfían una de la otra, pisándose los talones. La muerte de la guadaña y las tinieblas, una sombra que te abraza y te aprieta. Para comprender y entender que la vida es algo más, deberíamos morir al menos una vez como experiencia. No sabemos valorar ni apreciar que estamos viviendo en un mundo, que hasta el día de hoy, es único. El que ha vivido una situación entre la vida y la muerte ha cambiado para mejor persona y sabe de lo que hablo.  Todo es un pensamiento subjetivo, una forma de ver la vida y la muerte. Mi personaje rozaba los noventa años, se reía de la vida respetando la muerte. Por sus vivencias y experiencia se reía con los ojos llorosos y las manos temblorosas. Se reía escuchando hablar, de lo mal que está la vida. Él que durmió en el suelo, entre la paja, comió alcarciles y los cuscurros de pan los mojaba en el aceite de las mariposas de alumbrar. Él que perdió muy pronto el amor de su vida. Se reía. Una risa que se le movía la dentadura y una mirada de tristeza que cortaba el alma. Los noventa le pesaban sin perder esa sonrisa, aguantando el temporal, con las velas recogidas. Un barco que se va a la deriva. Cuando le hablas de la muerte  su respuesta es siempre la misma. Para morir no hay que tener prisa. 

De paso por la vida.

Juan Reyes.

jueves, 30 de enero de 2020

CON LA MOCHILA A LA ESPALDA

Caminaba despacio, con pasos cortos y sin prisas, la cabeza baja y la mirada fija a la tierra. Un garrote de olivo en su mano, para apoyar un cuerpo envejecido y cansado. Metido en su mundo, del que él formaba parte. Acompañado de su sombra. Una sombra inseparable, amiga. A su espalda una mochila llena de emociones y sentimientos, momentos de toda una vida: las alegrías y las penas, los amores y desamores, las verdades y mentiras, los amigos y enemigos, las esperanzas y fracasos, los sueños y pesadillas... Una mochila que no se ve, ni pesa. Una mochila donde lo material no ocupa espacio, está llena espiritualmente. Son los años de un viejo hombre que, con pasos cortos y sin prisas, va cargado de añoranzas y recuerdos, los suyos. Los primeros besos y abrazos de sus padres, los juegos de su niñez, el primer amor y único de su vida, el nacimiento de sus hijos, verlos crecer cada día, rodearse de los nietos… Esos pequeños detalles del día a día, que pasan a nuestro lado, y apenas  valoramos. Un amanecer: los gorriones saltando, el saludo por las mañanas. Las florecillas del campo, las tertulias con los amigos, los críos jugando en el patio del colegio. El olor a tierra mojada.  Las estrellas en la noche, las nubes flotando, los paseos al atardecer, una sonrisa…¡Cuánto  hay de bueno en este mundo que no tiene precio! Esos pequeños detalles que te llenan el alma. Él se sentía perdido, sin comprender, que su mundo, el que él conocía y  amaba, corría acelerado a no sé dónde, sin rumbo. Confundidos por la avaricia y el egoísmo, nos  hacemos más débiles, menos inteligentes y renunciamos a  nuestros principios: Amarnos y respetarnos y saber pedir perdón.

Una mochila lleva a sus espaldas cargada de sueños, ilusiones y proyectos que nunca salieron adelante por no confiar en él.  En un hueco va su cuaderno con sus apuntes. Para decirle a la vida lo que siente, sin utilizar palabras rebuscadas, sinónimos que desconoce. Su amor es más sencillo, humilde y sin adornos. Utilizando un vocabulario pobre con el mismo significado. Su cultura nació entre olivos y verdes trigales. Rodeado de tierras sembradas de algodonales, laderas de viñedos, riberas de huertas con higueras, ciruelos, granados… Conoció las norias alzando las aguas del Genil en cangilones de madera. Su sierra cubierta de encinas, acebuches, coscojas, retamas, esparto, alcaparras, esparragueras…. Olores a romero, tomillo, a los almendros en flor. Surcaban en el cielo aguiluchos, cuervos,  palomas bravías… De nada vale  decorar con tantas alabanzas la vida si no sabemos  apreciarla.  ¡La vida, un soplo de aire fresco! Con los años nos vamos adaptando a ella, como las raíces a la tierra.  Como las aguas del río buscando la pendiente. Como una cometa subimos y bajamos.  Atraídos a seguir viviendo, como las olas del mar por la luna.
Una mochila lleva a sus espaldas, imaginada. Una sombra inseparable, amiga.  Un bastón para apoyar un cuerpo cansado. Caminando por un camino de tierra, sin prisas.  Paso a paso, así es la vida. Valorando cada momento vivido, sin riquezas y los pies en el suelo. Con sus sueños incumplidos de ver un mundo más justo, más sensato, menos egoísta. Un mundo donde cabemos todos. Donde el amor gane la batalla al odio. Donde el bien triunfe con la palabra. Todos llevamos una mochila a las espaldas, y con los años, va pesando cada día más.

De paso por la vida.

Juan Reyes.

jueves, 9 de enero de 2020

La vida es un libro

La vida es un libro, donde van pasando páginas.  Vamos viviendo etapas con el paso de los años. Guardando de cada una de ellas, unos recuerdos imborrables. Comienza con la vida prenatal, donde vamos aprendiendo a través del tacto y de los sonidos. Un libro donde tú eres el protagonista principal y el autor. Las pastas y el título se pueden decorar, maquillar, embellecer y cambiar, pero lo más importante y profundo va en su interior. Vas escribiendo, metido en un mundo del que tú formas parte. Un personaje con vida propia y real… Removiendo recuerdos de la infancia. Una infancia rodeada de cariño, de mimos, de caricias y palabras diminutivas de amor. Los brazos de tu madre eran todo, buscabas el calor, el refugio, la seguridad… Te Pasaban de manos en manos, porque tú eras el centro de la familia y todos tenían la  necesidad de abrazarte y disfrutar de ti. Los meses pasaban, los primeros dientes, los gorgoteos, tirabas besitos y echabas los brazos. Tu primer añito, tus primeros pasos, todo como el primer día, rodeado de amor, de cariño, disfrutando cada momento de ti.  Tus padres te cuentan los primeros cuentos, Caperucita Roja y el lobo feroz, Blancanieves y los siete enanitos,  cuentos de brujas y ogros y algunas noches  despertabas con las sábanas mojadas de miedo a la oscuridad. Vas utilizando un lenguaje con palabras difíciles de pronunciar, alargándolas o acortándolas con mucha gracia y arte. Un vocabulario que no viene en el diccionario y no se puede subrayar. Siempre imitando cada gesto de tus padres o hermanos mayores. Esos tres y cuatro añitos tan llenos de sonrisas,  llorando por todo, con razón o sin ella. Absorbiendo cada detalle, todo lo quieres aprender y tocar. Observando un mundo muy grande a tus ojos. Para nuestros padres éramos la alegría de la casa, el que le robas las horas y el corazón. Una infancia donde se quedarán atrapados muchos momentos,  guardados en un rinconcito de nuestra mente y un día  contar.

Vas escribiendo con letra clara y armoniosa. Expresando con lucidez, sencillez y humildad, porque la humildad es una virtud. Una vida que va transcurriendo día a día, donde hay mucho que rememorar, los recuerdos de la niñez. Un  capítulo que escribimos con alegrías, sonrisas y la mente de un niño. Donde la fantasía nos envolvía  y nos perdíamos en los sueños. Las ilusiones nos engrandecían y la luna queríamos atrapar. Formaban parte de esos momentos las travesuras, los juegos con los amigos, saltar como un chivo y nunca llegabas a cansarte. La inocencia aflora y  la perfección no existía. Un mundo apasionante de ficción e imaginación. Vas progresando en la capacidad de comprender, de aprender. Un dibujante, que los lápices de colores en tus manos expresaban un arte especial, los trazos incontrolados eran la firma de un artista abstracto. Un cantante de canciones infantiles, letras  y partituras inacabadas llenas de amor. Quieres ser mayor, soltándote de  la mano y pidiendo un poco más de libertad, un hombrecillo para perderse con tus amigos. ¿Cuantas páginas se pueden escribir con la edad de tres a seis añitos? Un mundo donde los años que pasen, nunca olvidaremos esta parte tan bonita, llena de inocencia, juegos, travesuras y lo más importante nos sentíamos queridos y protegidos las veinticuatro horas del día.

Con una caligrafía cuidada vamos escribiendo y llenando los folios por las dos caras. Vas contando y narrando, esas anécdotas y actuaciones de la adolescencia, las que siempre guardabas por vergüenza a los demás. Una etapa donde sigues siendo un niño, jugando en la calle al fútbol, la tanga, los pilladores, el pañolito, etc. Juegos de otra época, otra infancia, la nuestra. Nuestro cuerpo va cambiando muy deprisa igual que las relaciones emocionales y cognitivas. Exploramos nuestro cuerpo de arriba abajo. Entramos en la pubertad, ese vello que nos va saliendo, esa espinilla tan molesta en la cara y no paran de salir, la voz nos va cambiando, y nuestras partes más intimas nos sorprenden con su desarrollo. La curiosidad y la ansiedad de querer siempre ser mayor. Necesitamos más intimidad, nos volvemos un poco egocéntricos, las ideas son más concretas y extremistas, etc. La sexualidad se va explorando y nuestra identidad sexual. Nos volvemos románticos y buscamos la media naranja. Con los besos robados sin maldad, las bromas pesadas con los amigos, las primeras copitas, las primeras chupadas a un cigarrillo, tragándote el humo acompañado de un ataque de tos. En los estudios no te implicas lo suficiente, perdiendo la oportunidad de formarte. La lucha con los padres por todo, más tiempo en la calle, menos horas  con la familia, los amigos lo primero, no escuchas los buenos consejos, etc. Una etapa de la adolescencia, donde los malos hábitos y las actitudes depresivas, las vas cambiando y comprendiendo por ti mismo. Vas tomando nota de cuánta razón tenían tus  padres, consejos que no olvidarás y siempre los recordarás cuando lleguen nuevas situaciones o parecidas en tu vida.

Dejas correr la tinta expresando los buenos momentos de la juventud. Una parte de la vida donde se divide. Eres mayor de edad y te quieres comer el mundo. Terminando los estudios universitarios, te preparas para hacer un curso de formación, o te dedicas a buscar un trabajo de jornalero y aprendiz. O te conviertes en un vago, en un parásito que aprovechas el esfuerzo de tus padres para vivir a su costa.  Las canciones y la música en la discoteca o salones de baile inventados en cualquier casa de un amigo. Donde la pasión y el amor de pareja se fundían en uno solo. Noches sin control y de locura, noches interminables sin mirar el reloj. Vamos cambiando impresiones y hablamos de un futuro: buscar trabajo, de crear una familia, de tener hijos, etc. Una juventud que va pensando como adulta. Vas comprendiendo que ser adulto no es tan fácil, los problemas te rodean, educar  los hijos, las letras del banco, la vivienda, el trabajo, etc. Vas escribiendo y hablando de ti mismo, la vida es como un libro, un libro donde la realidad se queda corta. Al coger el lápiz o el bolígrafo, la forma de colocar el librillo, dice mucho de tu personalidad. Este libro con sus pastas gruesas de cartón duro y hojas finas de papel. Donde vamos escribiendo y resumiendo con sensibilidad, con ternura, la entrada en la adultez. Otra etapa más de la vida que se divide. Te entregas al trabajo y todas las horas son pocas, para contribuir en la economía de la casa. La familia queda a un lado para los fines de semana y los festivos. Los hijos se van haciendo mayores y llegan acompañados de sus amigas o parejas. Tus perspectivas y el fundamento  de tu vida es salir adelante. Atrás dejas muchas cosas pendientes, cosas que jamás algún día puedas realizar. Tus aficiones, tus caprichos, tus viajes, ese tiempo para relajarte y tomar un respiro. Todo tiene su recompensa, si la felicidad es hacer feliz a los que quieres.  Vivir el momento justo, sacarle el máximo  partido. Ser capaz de entender y asimilar que todo no se puede tener en esta vida. Los días van pasando y entras en los cincuenta pisando los sesenta. Todo va cambiando, la vida la ves muy diferente y las prisas no entran en tus planes. El amor de pareja lo vas compartiendo con los que llegan, unos seres chiquitos fruto del amor de tus hijos. Las  emociones y los sentimientos llenan tu corazón. Los que tanto quisiste y te quisieron se marcharon para siempre, vas dejando muchos en el camino. Los que nunca dejarás de quererlos y llevarlos en el corazón. Vas agrandando el alma y esos pequeñajos tapan muchas heridas. Con cada renglón que ocupamos vamos recorriendo una parte de  nuestras vidas, atrapadas en el tiempo, pasando de puntillas en silencio para no molestar. Sentados en una silla y una mesa de un escritorio inventado, sin ruidos y la puerta medio abierta de la habitación. La luz del día pasa por la ventana y la calma se trasforma en una soledad buscada. Nuestras armas y compañeros un lápiz de punta fina y unas hojas de papel. Vamos robando horas al tiempo, rebuscando palabras con mimo, dejándonos llevar por los pensamientos.  Corre la mano con cariño por los renglones alineados como los surcos en la tierra.  Las palabras se transforman y cobrando vida, una vida que queremos compartir. La vida es un libro en blanco, que nos entregan cuando nacemos y vamos tomando apuntes cada día, sin saber el final….

De paso por la vida.
 

Juan Reyes.

jueves, 19 de diciembre de 2019

UNA RAZÓN Y UNA SONRISA

Hay muchas personas solidarias que ayudan a organizaciones  independientes de todo poder político, religioso, militar o económico. Gracias a millones de hombres y mujeres que voluntariamente colaboran con el único interés en ayudar a los profesionales y voluntarios. En MSF hay más de seis millones de socios, entidades privadas, instituciones públicas, etc. En esta organización que actúa en acciones asistiendo a personas amenazadas por conflictos armados, violencia, epidemias o enfermedades olvidada, desastres naturales y exclusión de la atención  médica, etc.

Desde el año 2012 camino a su lado, voy aprendiendo a valorar  más la vida, una razón más, para ayudar, a los que más la necesitan. Por vivir en un sitio concreto, en un momento concreto de sus vidas. Viven unas situaciones no deseadas,  arrebatándoselo   todo. Otros no llegaron a  conocer nada mejor, nacieron y se criaron en un campo de refugiados. Yo me siento grande y pequeño, al ser solidario en mi humilde economía. Son muchas las veces que me han dado las gracias, por mi aportación, ese granito de arena, a esta causa tan justa. Yo las comparto con MSF, por vivir esos  malos tragos, las enfermedades, las noches sin descanso. La muerte les  pisa los talones a todas horas. Vivir físicamente y moralmente tantos conflictos armados, epidemias, hambrunas.  Aquellos que pierden a su hijo por desnutrición, a los que les amputaron las piernas por una granada, las mujeres que en el parto se dejaron su vida. Los que lo perdieron todo, la familia, el  hogar, la Dignidad. 

La buena gente, la gente buena que arrima su hombro trabajando desde tantas ONG, Asociaciones, instituciones, etc. Personas que trabajan altruistas dedicándose a los demás a cambio de nada.  Es una  razón para ganar miles de sonrisas. Son como un  cuentagotas,  y cada gota es como un bote de suero, una mascarilla de oxigeno, un kit de supervivencia y unas barritas energéticas. Una vida salvada, una razón y una sonrisa. Llegan las ayudas, pero por desgracia en el mundo cada día hay más víctimas de  guerras. Ello conlleva más desplazamientos, más muertes, más heridos,  más desnutrición, etc. Los desastres naturales cada día son más frecuentes. Los seres humanos sin darnos cuenta con tanto consumismo, contribuimos al cambio climático. Las empresas multinacionales y los gobiernos son los principales causantes. Unos por enriquecerse de la naturaleza indiscriminadamente, otros por permitirlo y no actuar con firmeza dejando contaminar la atmósfera, el agua, la Tierra. Tenemos recursos alternativos para cubrir las necesidades de la sociedad. Médicos Sin Fronteras actúa en cada país que su población sufre estos desastres naturales. Utilizando hospitales públicos, centros hospitalarios o levantando hospitales improvisados con tiendas de campaña con sus equipos de quirófanos y su personal profesional dándolo todo. Actúan lo más rápidamente posible para salvar cuantas más vidas mejor. Muchas personas piensan que ese mundo no es el suyo, que no es su problema porque no les afecta directamente. Cada día cuando nos sentamos en la mesa contamos con un plato de comida.  Cuando nos entra sed, abrimos el grifo y calmamos nuestra sed. Cuando llega la noche nos metemos en la cama tapándonos si hace frío con buenas mantas y si aprieta el calor le damos al aire acondicionado. La vida no es igual para todos por desgracia, tenemos los mismos derechos, a vivir dignamente en esta sociedad donde hay tanta abundancia. A ellos, esos derechos nunca les llegan.  Su mundo está lleno de calamidades, donde sobrevivir es una lucha las veinticuatro horas del día. Una comida cuando llega, beber en los charcos si no hay abastecimiento de agua, dormir en el suelo sin el privilegio de tener un techo, un  fuego en las noches frías, una  manta para cubrir los cuerpos vestidos con las ropas sucias de cuantos días. Rotos físicamente y moralmente buscando una razón. Vivimos en el siglo XXI y no aprendemos. Una parte de la sociedad utiliza su mente pensando en ellos mismos, su egoísmo, su avaricia de poder, no los dejan ver el dolor y el sufrimiento que causan en tantas personas, donde pierden lo poco que tienen y  dejan atrás lo más importante de la vida, la familia. ¿Cuánto duele enterrar un hijo sin ser culpable de nada? Todo por guerras inventadas y poderes corruptos.

La razón de estar escribiendo este mensaje, en estas fechas tan señaladas como es la Navidad, tiene un único objetivo, entrar en los corazones de cada uno de nosotros y ser más solidarios, con ese mundo que parece que no es el nuestro. Las noticias en la radio y las imágenes en la televisión, son de situaciones desesperadas de dolor y miseria. Algunos de nuestros mayores  no las olvidan, se le caen las lágrimas y en la garganta se les hace un nudo, recordando que una parte de su vida y la historia pasaron por esa realidad. Otra razón es la labor humanitaria que desempeñan tantas personas  para salvar las  vidas de los más vulnerables, sin techo, sin recursos para  sobrevivir. En esta labor deposito mi granito de arena, grano a grano se hace una playa. Gota a  gota se llena un vaso de agua,  una pequeña donación  aporta para unas vacunas,  combatir con las epidemias de sarampión, el Ébola, la malaria, etc. Con este donativo contribuimos a salvar una vida, a traer al mundo tantos partos complicados y niños prematuros. Con esa aportación ayudamos a tantas mujeres y niñas víctimas de los conflictos. A que nazcan niños sin el virus del sida. Ayudamos a reducir el sufrimiento de tantos pueblos, desplazados por las guerras.  Son tantas razones por las que contribuir, causas como la desnutrición infantil, que cada día mueren 8500 niños al año en el mundo. Un mundo de desplazados y campos de refugiados, donde van contando los días para acabar con esa pesadilla y volver a su patria. Cuantas historias hay que contar y cada una con  vida propia, algunos hablan de cifras, no de personas ni de sentimientos.      

Hoy les ha tocado a ellos,  mañana sin ir más lejos  nos podemos ver montados en una patera perdidos en la mar. Caminando por un camino sin saber el destino,  en  sus cunetas  cuerpos derrumbados y cansados con los pies ensangrentados huyendo de un enemigo.

Hay una bandera de color blanco, con letras grandes y claras. Su lema es la Paz.  Apostemos por las acciones humanitarias independientemente, imparcial y neutral.  Ondea las veinticuatro horas en el horizonte en libertad. Su mástil está levantado con el esfuerzo de muchos, los que un día apostaron por mejorar la situación de la sociedad, sin perder una vida. Donde las fronteras no existan, donde nuestro peor enemigo nos de la mano, donde las bombas que tiren en las ciudades sean de confeti y regalos, donde las epidemias sean de risas, de versos, de poesías y se contagien, donde pisar un hospital sea de parto o mejorar la calidad de vida. Hay muchas razones para colaborar en este mundo, donde hay tantas necesidades. Nunca es tarde para contribuir en sacarle a un niño una sonrisa, en llenar las barrigas de los que pasan hambre, en regalar amor a los que lo necesitan, en ser humilde como el predicador, en tener más sensibilidad con los que no tienen nada. La Navidad representa unir las familias, repartir amor, vivir en paz, recordar las sillas vacías, compartir los regalos con los seres que tanto se quieren. Feliz navidad y no olvidemos que la mejor razón es ayudar y ganar sonrisas.

De paso por la vida.

Juan Reyes.


martes, 10 de diciembre de 2019

CUARENTA AÑOS DE AYUNTAMIENTOS EN DEMOCRACIA

El día 6 de Diciembre del 2019 la Casa de la Cultura de Badolatosa se llena de historia. Una historia donde sus protagonistas fueron elegidos democráticamente en las urnas por los vecinos del pueblo. Un acto muy emotivo y lleno de recuerdos dulces y amargos, como es la vida misma. Muchos de ellos tuvieron la valentía y entereza de luchar por sus ideales y  una convivencia en  libertad e igualdad, hoy no se encuentran con nosotros. Hoy no se habló de la vida de un político en concreto, de su cara oscura, de sus noches sin dormir, de no vivir pensando equivocarse, de que toda la labor desarrollada se quedó en el aire. Hoy la Democracia ganaba espacio, disfrutando de una noche muy especial, intentar unir y darse la mano porque la convivencia debería siempre ganar.

Este día de mutuo acuerdo todos los concejales celebraron un pleno extraordinario para aprobar por mayoría los 40 años de ayuntamientos en democracia. Una noche llena de alegría. Ver la Casa de la Cultura homenajeando a sus concejales y alcaldes por una causa tan digna como es trabajar para sus vecinos. Les doy las gracias a la corporación por tener este humilde detalle con todos y dar la posibilidad de expresar sus sentimientos libremente a su gente, que son realmente los protagonistas, ellos son la razón de estar aquí. Un imprevisto, desgraciadamente, inoportuno rompió la magia y la concordia de la noche. Cosas que no están puestas en el guión del acto.  Un mal pie de un concejal.  Tuvo la mala suerte que, al levantarse de su silla para ser homenajeado y recibir un diploma y una placa por su reconocimiento a su labor,  se cayó al suelo y se fastidió el tobillo. Todos nos pusimos en lo peor y respiramos aliviados al no ser lo que creíamos. Con este percance se cerró el acto donde nos encontrábamos en la candidatura del año 1991. Los demás concejales recogerían su regalo de reconocimiento y firmarían en el libro de actas para este momento tan significativo. De nuevo doy las gracias y espero que la Democracia siempre esté al lado del pueblo y sus representantes tomen nota de todo.

Yo, en mi humilde persona y como invitado por trabajar en esta causa, tenía algo escrito para expresar mis sentimientos de unidad a mi pueblo. El único interés en mis palabras no es de miedo, ni de rencor, ni desaliento. Mis palabras son de comunicación, de paz, de optimismo porque el camino correcto es el de la verdad. Pido perdón si ofendo a alguien, equivocarme es la cosa más fácil, pero se aprende

En las elecciones del 1995 me presenté en las listas de Izquierda Unida, Los Verdes, Convocatoria por Andalucía. Mi propósito estaba claro. Como un fundador más de la Asociación Ecologista Amigos del Genil quería trabajar por mi pueblo desde el ayuntamiento con el fin de llevar a cabo un propósito, contribuir arrimando mi granito de arena e intentar cambiar la concienciación ambiental, la cultura y crear unos proyectos como por ejemplo La Ruta del José M. el Tempranillo. Trabajé de concejal sin estar liberado, en minoría, dedicando muchas horas, las que le robé a mi familia y a mi trabajo. Una experiencia muy positiva que jamás olvidaré. Fueron años difíciles, pero mereció la pena contribuir en algo tan justo. La democracia gana si sabemos ceder un poco. La democracia gana si reflexionamos con humildad. La democracia es trabajar unidos y con respeto a los demás. La Democracia es la soberanía del pueblo, el derecho a elegir y a controlar a sus gobernantes. Hoy doy las gracias por vivir en Democracia, por compartir este momento, aprendamos que nuestro pueblo espera de nosotros una unión, porque somos una familia dividida. Va siendo hora de romper con los malos consejos. En la vida todos nos equivocamos como humanos que somos. Pedir perdón y rectificar es de sabios. Aprendamos unos de otros y cojamos lo mejor de cada uno, nuestro pueblo se lo merece. Va siendo hora de dejar atrás los rencores, las malas interpretaciones y luchar por la convivencia. La palabra y la humildad es el camino para vivir en una sociedad en Democracia. Espero que mis palabras no se echen en el olvido. Y los que hoy gobiernan y la oposición tomen nota. Que juntos y marcando un rumbo se llega lejos. Badolatosa  necesita una oportunidad para llenar ese espacio vacío que se ha creado. La ilusión y la esperanza se consiguen con el ejemplo. Los Alcaldes y concejales que hoy estamos aquí invitados contribuimos en un momento de nuestras vidas. Hoy de nuevo siendo muy repetitivo os pido que estas nuevas generaciones de alcaldes y concejales aportéis ese granito de arena  en trabajar en este proyecto. La unidad de un  pueblo en Democracia.

6-12-2019

De paso por la vida.

viernes, 15 de noviembre de 2019

UN DÍA DE RUTA

Caminaba por un camino carretero. Hoy se encuentra asfaltado para ir más deprisa y ganar tiempo al tiempo. De momento no es mi caso, camino solo y con un  pensamiento, recorrer una ruta por nuestros parajes,  gozando de la naturaleza y alcanzar la cima de La Sierra La Cabrera. Una primera parada en el mirador del embalse Malpasillo. A mi encuentro una bandada de grajillas levantan en vuelo despavoridas de unos eucaliptos secos. Unas palomas bravías, más tranquilas posadas en los muros de las compuertas, esperando el día. 

Decorando el rellano y la ladera hay unas pitas con las puntas muy tiesas del relente de la noche. El sol saliente se refleja en las aguas tranquilas del pantano. Una lámina de agua adormecida, un espejo donde el azul del cielo parecía poder tocarse. Un espejismo con vida propia partido en pedazos. Unas fochas comunes salieron de las aneas, pateando sobre el agua, rompiendo la magia de la mañana. Seguí caminando por el paraje de Juan Zarco, un camino bacheado y destrozado para ganar un palmo más al campo de labor. Las arcillas, los yesos y los cantos rodados afloran al paso. El arroyo de La Palomera lo atraviesa, con las correntias de la lluvia, cada vez va más profundo e intransitable.   Rodeado de olivos hojiblanca, lechines y picuda. De sus ramas cuelgan las aceitunas, verdes, moradas y negras, esperando ser recolectadas para el molino.  Paso a paso voy llegando al paraje del Portalejo, donde sale una vereda que corta el monte bajo de Los Serruchos. Una  parada  en el mirador del meandro Isla víbora. El río Genil deja constancia de tanta belleza paisajística. El Castillete, los arroyos de La Cantera, el Pontón, el Algarrobo. Un paraje natural donde la Sierra de La Cabrera da fe de tanta hermosura por ser la atalaya del término. Entre pinos carrascos, acebuches, retamas, romeros, espartales, esparragueras, aulagas  y crestones de calizas dolomías caminaba disfrutando de la naturaleza.



La fauna escurridiza no se deja ver. Los cazadores con perros y escopetas los atosigan. Con las primeras aguas de la otoñá, la flora se anima a lucirse. El azafrán silvestre, la mandrágora, los ranúnculos,  los lirios de invierno y los primeros espárragos asoman. La vereda me lleva al arroyo del Pontón, una joya de la Botánica en nuestro entorno. Por mi afición a la flora cuento con más de quinientas especies. La Geomorfología y la Geología hablan de dos bloques de yesos unidos en el periodo Triásico de la era Mesozoica hace unos 250 millones de años, dando lugar a un puente o túnel. Para los vecinos de Badolatosa y la aldea de Corcoya un milagro de la naturaleza al unir las dos vertientes. Bajé a su cauce para disfrutar del milagro. Desde el interior de la gruta de yesos contemplo un trabajo de placas que se abrazan y se dan la mano, una Catedral natural. Corre el agua del manantial de la pililla de la ermita.  Va saltando en pequeñas charcas que la erosión ha formando con los años. Bloques de otros materiales que el arroyo ha arrastrado con la fuerza de las correntias, acompañado de adelfas florecidas, un cañaveral y unas higueras perdiendo las hojas. Sigo mi ruta cuesta arriba a los pies de la sierra. La vereda pasa junto a los restos de unas ruinas, unas edificaciones  de las minas Melito. Pozos y entradas a las galerías de la mina sin señalizar, torres de mampostería haciendo acto de presencia del cable aéreo. Oficinas, viviendas, enfermería, polvorín. Unas tolvas donde almacenaban el mineral de hematites para ser trasportado en vagonetas por el cable aéreo. La historia de las minas Melito, una tragedia con hechos reales y callada. Bajo tierra quedaron los cuerpos de los mineros, sepultados y olvidados. La vereda se va estrechando y da paso a un sendero. Una subida que, por su desnivel, se hace más pesada. Hay tramos más alegres y llenos de colorido, las florecillas de los ranúnculos de color amarillo, una alfombra con miedo a pisar. 



Poco me falta para la cumbre. A mi lado, la cortadura de la mina a cielo abierto, un daño  al medio ambiente. Una huella al paisaje imborrable por el hombre. Algunos pagaron con su vida, sin ser  culpables. Un muro de rocas rodea la atalaya por la cara norte y oeste de la sierra. Como defensa del enemigo o para guardar el ganado. La presencia de cascotes deja claro que otras civilizaciones poblaron la cima, dejando su paso en la historia.
 
Pocos metros me faltan para alcanzar la meta, la cima de La Cabrera. En el vértice Geodésico a 450 metros del nivel del mar. Una panorámica de 360º, donde la vista alcanza cuatro provincias. Córdoba por el Norte, Granada por el Este, Málaga por el Sur y Sevilla por el Oeste. 



Un cielo azul y el viento acariciándome el rostro, un silencio y una soledad buscada, me siento más libre y la paz me llena el alma. Unos bloques de calizas plegadas y levantadas como torres resaltan en la cumbre. Los acebuches, las encinas, coscojas, lentiscos, cornicabras, mata gallos, las jaras, junquillos…una flora mediterránea decorando la sierra. En el espacio vacío surcan una pareja de cuervos con sus graznidos.  Un búho real escondido en un recodo levanta el vuelo. Los cernícalos se dejan ver. El río Genil acaricia la Cabrera a su paso. En su cauce, las aves acuáticas como las polluelas, los porrones, silbones,  azulón real, el calamón, rascones, garzas reales…con la vista puesta en unos aguiluchos laguneros que merodean entre los álamos blancos, los olmos,  los tarajes, sauces, cañaverales, carrizos, espadañas… Vivo unos momentos de mi vida que quisiera y me gustaría compartir con tantas personas que, por algunas circunstancias de la vida, nunca tuvieron la suerte de sentir esta sensación, físicamente, de subir a este punto. En el horizonte, la vista se pierde y alcanza  poblaciones, campiñas, montañas, cordilleras, valles… Vivir rodeado de tanta vida y libertad. Vivimos tan acelerados que no sabemos valorar ni apreciar lo que tenemos a nuestro lado. Hay una pincelada gris en el paisaje. La falta de lluvia y no caer en el momento justo. Las plantas tienen las hojas arrugadas y caídas, los pastizales secos. Unas gotas de agua del cielo llenarían de color el campo, tomaría un verde alegre y agradecido.
 
A lo lejos veo una piara de cabras pastando por sierra Larga. Un perro pastor, con sus ladridos, las va controlando sin perderlas de vista. Los cencerros se escuchan con un sonido hueco, tolón, tolón y otros como unas campanillas. En cabeza, el cabrero, con su garrote en la mano y un hatillo a las espaldas, detrás, el rebaño entre la maleza y arboleda. Una voz de vozarrón se escucha jaleando a los animales en el silencio del monte.
 
Otro día más caminando en compañía de mi sombra y mi bastón de acebuche. Lleva mi nombre grabado y mi firma, unas aves volando en libertad.  Veinticinco años a mi lado apoyándome por caminos, veredas y senderos. Un buen amigo y compañero de rutas. Paso a paso por cerros, sierras, arroyos, ríos… sin prisas. Voy observando y tomando nota de cada planta, animal, minerales, rocas y fósiles de nuestro entorno. Un ecosistema donde los seres vivos conviven y se relacionan entre ellos. Aprendo a respetar y valorar el significado de la cadena de la vida, donde cada especie forma parte de la naturaleza. Nosotros somos el eslabón que incumple las normas: contaminando las aguas y la Tierra, depositando vertidos, colocando trampas y cebos envenenados, quemando el monte, destruyendo y desmontando las sierras… Un día de ruta, donde mi mente y mi alma son una sola. Me siento libre caminando y descubriendo cada rinconcito de mi término, Badolatosa.
 
De paso por la vida.
 
Juan Reyes.

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  ENTRE RECUERDOS El 9 de febrero de 1927 amanecía en las huertas de “La Manga”. El sol asomaba tímidamente por los cerros de J...