lunes, 6 de abril de 2020

La Bicicleta

Dormida, inmóvil y en silencio. La bicicleta de mí padre cuelga del techo. Parece que quiere arrancar el vuelo, flotando en el espacio, sin nubes ni viento. Amarrada con cadenas, perdiendo su libertad. Tiene un sueño. Ser libre, acariciar con sus ruedas el suelo. Llenar las llantas de barro. Pedalear sin descanso. Sentir el aire de la mañana recorriendo los parajes del entorno. Pasa el tiempo y cuelga del techo, la bicicleta de mí padre. Prendida y llena de polvo, nada de grasa, nada de nada. Habla con su amiga la araña, la única que la escucha. Una compañera acróbata, sin miedo a las alturas. Con su telaraña se sentía segura. La bicicleta le cuenta su vida, una y otra vez a la araña. 

  • Soy una vieja BH del 1956. Cuando me compraron, pocas bicicletas había en el pueblo. Se contaban con los dedos de las manos. La vida era muy tranquila y el tiempo parecía detenerse. La gente se desplazaba andando, en burros o en carros. Ver un coche o un autobús era extraño. Las calles sin aceras, ni asfaltadas. ...yo fui una privilegiada, en casa de un jornalero. Viajábamos de tajo en tajo a trabajar. Subidas y bajadas. Todo eran cuestas y curvas y más curvas. Coger una recta era difícil. Pedaleando por carreteras y  caminos llenos de piedras sueltas y baches. Con lluvia, con frío y calor. Buscándose la vida. En el maletero colocaba el cerón de esparto. Metía las herramientas del trabajo y el hatillo con la comida de la jornada. Eran años difíciles, pero salimos adelante. Yo era joven, presumida y bonita, buena pintura y cubiertas nuevas. Como siempre mis desplazamientos a trabajar, pocos paseos por regocijo. Nacieron sus hijos, creciendo deprisa, todos queriendo aprender a subir, a andar conmigo. Llegaron los golpes, las caídas, las averías. Poco a poco fui perdiendo la pintura, los bollos, los frenos rotos, las cubiertas deterioradas y la grasa no la veía.  

  • Fueron años duros y bonitos. Ver crecer sus hijos y yo, la protagonista. Pasaban los años, llegaron las motocicletas y los coches. Todo fue cambiando, desplazarse al trabajo se hizo más cómodo y seguro. Lo más importante era ganar tiempo.  Llegaron las prisas y ser el primero era una satisfacción. Pasé a segundo plano y mi abandono.

  • Aparcada y olvidada en las cuadras de la casa de la Chacha Pepa.  
Hoy, la vieja bicicleta BH, del año 1956, cuelga del techo. Como recuerdo de su labor y de más de sesenta años de nuestras vidas.

De paso por la vida. 


miércoles, 18 de marzo de 2020

ABRAZOS Y BESOS


De paso por la vida quiere llegar a todos los hogares del  mundo repartiendo abrazos y besos. Los que vamos a necesitar y perder por la situación que estamos viviendo con la epidemia del Coronavirus. Nos encontramos de nuevo con otra pandemia mundial. España se encuentra en alerta máxima por los casos de contagio. A lo largo de la historia hemos vivido muchas epidemias.


La Gripe Española: Una enfermedad producida por un virus en 1918 y 1919. Dejó entre 50 y 100 millones de muertes en todo el mundo. Las víctimas eran personas saludables y jóvenes, de entre 20 y 40 años.

El Cólera: Según la OMS, ha habido varias pandemias de cólera. Actualmente está teniendo lugar la séptima. Comenzó en el sur de Asia en 1968. Cada año hay en el mundo entre 1,3 y 4 millones de casos y mueren entre 21.000 y 143.000 personas.

La Peste Negra: La epidemia más mortífera. En 1348 una enfermedad terrible y desconocida se propagó por Europa. En pocos años sembró la muerte y la destrucción por todo el continente, sin distinguir entre ricos y pobres.

La Lepra o Enfermedad de Hansen. Se sabe que afecta a la Humanidad desde hace al menos 4000 años. Existe en la actualidad en 115 países, según la OMS.

La olvidada Gripe Asiática de 1957 que puso a prueba el sistema sanitario mundial con un millón de muertos.

Gripe de Hong Kong. En 1968 con un millón de muertes.

El SIDA: Comenzó en los años 80 y hasta finales de 2018 van 32 millones de muertos…

La Viruela: Esta epidemia fue constante a lo largo de la historia. El número exacto de muertos se estima en millones.

El Ébola: Año 2014-2016. El virus, como tal, fue descubierto en 1976. Unos 28.000 contagiados y 11.000 muertos en África.

La Gripe Porcina: 2009-2010. Murieron, según datos de la OMS, 18.000 afectados.

El sarampión, la rubeola, la varicela y tantas epidemias de virus que los seres humanos vamos padeciendo y transmitiendo de generación en generación. El año 2020 será una fecha que el mundo recordará por el CORONAVIRUS. A partir del 14 de marzo de 2020 el Gobierno de España declara: Que el territorio español está en estado de alarma, por tanto, queda en confinamiento. Esto quiere decir que sin una justificación, ya sea necesidad médica o motivo laboral, no se podrá salir a la vía pública. Una alarma nacional, una pandemia Mundial, una pesadilla para todos, con costes de vidas y económicos. Muchos se quedarán en el camino por culpa de un virus. Uno más, de tantos o creado por el hombre. El hombre que se cree superior a todo, con los ojos cerrados. Deberíamos pensar y razonar que no somos nada a la hora de la verdad. Olvidamos que todo está formado por células, la unidad fundamental de la vida, y cada célula está formada por moléculas. Los virus son la entidad biológica más abundante de la Tierra. Son parasitarios y sólo pueden reproducirse en las células vivas de otros organismos. Con esto quiero decir que por muy grandes que nos creamos o consideremos que somos. La vida está formada por células procariotas (arqueas y bacterias) y células eucariotas. Una cosa que para verla hay que manejar potentes microscopios. El mundo es muy grande a los ojos de todos. La realidad es otra. La que no vemos ni apreciamos. Tenemos una venda en los ojos y solo queremos ver lo que nos interesa. Deberíamos aprender y sacar provecho de estas situaciones que se nos presentan en la vida. Los seres humanos no valoramos lo que tenemos hasta que nos falta. Los abrazos y los besos que nos vamos a perder. Los de algunos no volverán, por desgracia. Este virus parece ser muy caprichoso y prefiere a las personas mayores y debilitadas, será que como es un parásito se encuentra mejor en los cuerpos bajos de defensas.


Nos queda un largo camino que recorrer. Entre todos será más fácil, si cada uno de nosotros colaboramos con los consejos que nos dan los profesionales de Sanidad y Salud. Hay que cumplirlos y llevarlos a cabo. Ese es el camino, no hay otro. Ayudemos a ganar la batalla a este virus, el Coronavirus, Covid-19. Quedándonos en casa los días que sean precisos. No nos amontonemos queriendo comprar todo y siendo egoístas, pensando en nosotros mismos.


De paso por la vida quiere entrar en vuestras casas. Dando ánimos, los que vamos a necesitar y aconsejando no perder el tiempo: La lectura, la escritura, la música, la pintura…son buenas herramientas y amigas. Os ayudarán a pasar las horas aprendiendo. Cuantas cosas pendientes por falta de tiempo las vamos dejando para mañana. Ahora, es el momento de quitarnos los quehaceres domésticos, de un día para otro. Es el momento de valorar cada momento que vivimos, de querernos más, de rodearnos de la familia y disfrutar de ella. 

Los abrazos y los besos que vamos a perder. Esos gestos de amor y cariño, que tanto añoramos cuando no los tenemos, por circunstancias de la vida. Necesitamos una vacuna para curarnos del virus más destructor para los seres humanos. Una vacuna para detener y frenar el egoísmo: la arrogancia, el odio, la avaricia, las envidias, el poder. Deseo que los virus más peligrosos que el ser humano contraiga nos llenen de amor, paz y felicidad


De paso por la vida os anima a no perder la esperanza y a ganar la batalla. Nos queda mucho que aprender, para saber valorar lo que vamos a perder. Los abrazos y los besos de los que nos dejarán.


De paso por la vida.

jueves, 5 de marzo de 2020

OTRO DÍA MÁS

Estaba amaneciendo y los rayos del sol entraban por mi ventana, llenando todo el comedor de alegría. Los gorriones saltando y picoteando unos trozos de pan de ayer. Los gallos de mi vecina, desde las siete, están cantando para recordarnos cada día que vivimos en medio del campo. Mi marido es madrugador, y lo primero que hace es ir al horno por el pan recién hecho. ¡Qué hambre me entra! Ver esos bollos calentitos en la panera diciendo: ¿Qué estas esperando? Es una pena y la tentación es más grande que mi voluntad. Qué más da un kilillo de más y mi marido me dice que tengo el peso justo. Entre mis manos ese bollo tan tierno, abierto y el aceite de oliva cayendo de la aceitera, acompañado de ese primer café con leche para espabilarme. ¡Mañana empezaré la dieta para adelgazar! Comienza otro día más, otro día más de la semana, y todos parecen lo mismo, una rutina diaria, llevar la casa y los hijos para adelante, que no es una tontería. En la cuna, mi princesa dormida, es una hermosura que Dios me ha dado. Los hijos desde que nacen te cambian la vida, muchas horas de sueño perdidas y siempre intranquila, cuando tienen fiebre, con los dientes, estreñidos, penosos… Pero es una bendición crear una familia. 

Mi granuja es un hombrecillo, va para cinco años. ¡Manolillo despierta, que ya es la hora! A las nueve en punto toca la sirena y tenemos que estar en la puerta del colegio.  ¡Manolillo, vamos granuja! Así media hora. Ponte la camiseta, el chándal verde y las zapatillas de deporte, que hoy toca educación física. Al final, como siempre lo tengo que vestir yo, para que pego tantas voces y no adelanto nada. Mi  princesa, con las voces, se ha despertado. ¡Manolillo, chiquillo, tómate la leche que la tienes en la mesa!, que no te pase como todos los días que te la bebes fría. Otro cuarto de hora con la lechecita. Qué paciencia me ha dado Dios. 

Mi princesa no puede esperar, la pobre, de toda la noche, tiene el pañal que no le cabe más pipí. Hay que cambiarla, vestirla, darle el biberón y que no llore, porque no encuentro el chupe. ¿Todavía igual? ¡Qué harta me tienes Manolillo, tan calmoso como tu padre! Con el carrito, el niño y la mochila preparada, vamos con la hora tasada, como todos los días. Qué tranquila me quedo cuando lo dejo en el colegio y a mi princesa en la guardería. ¡Me da una pena! pero los fines de semana me acuerdo de que no hay. Me saludo con mis amigas, hablamos de los críos, un poco de todo, unos diez minutos para salir corriendo. 

Las faenas me están esperando y tengo una lista muy larga, como todos los días. Lo primero recoger la ropa sucia y meterla en la lavadora para ir ganando tiempo. Hacer las camas, ordenar la ropa, pasar el cepillo de barrer y recoger las pelusillas y polvillo que parece que nacen. Fregar los cacharros de cocina y dejar cada cosa en su sitio. Lavar la ropa de la princesita a mano para que se quede mejor. Pasar la fregona al suelo de toda la casa. Recoger la habitación de los juguetes que parece un vertedero, todo por medio. Voy a tender la ropa limpia y, de nuevo, poner otra lavadora. Para el mediodía no se qué vamos a comer en el almuerzo.  Como tengo mucho pan duro voy a preparar una porra o salmorejo, así aprovecho el pan que la vida está muy mala con solo un sueldo para cuatro. La nevera está muy pobre y triste. Voy a tener que  ir al supermercado y abastecerla. Dinero para tonterías, las precisas, pero para comer, con alegría, es lo único que tenemos. En casa no compramos jamones  de cinco jotas pero alguno que otro serrano buenecito no nos falta. Ahora tengo que arreglarme y pintarme un poquito. No me hace falta, una que es muy presumida como todas las mujeres. Parece que todas nos hemos puesto de acuerdo esta mañana para hacer las compras y el supermercado está  lleno. Con las prisas que tengo y me quedan la mitad de las faenas, y los críos hay que recogerlos a las dos en punto. 
Mi granuja cuando sale y no me ve le cambia la cara, una cara que pone de tristeza que me rompe el alma.  A mi princesa, tan chiquita, le sale una sonrisa que le coge de oreja a oreja. ¡Qué bonita es! Lo que se parece a su madre. De nuevo corriendo para la casa, a terminar de picar lo que falta, acabar la porra y poner la mesa, que  mi marido come con nosotros y llega con el tiempo justo. Comer y de nuevo al tajo para acabar la jornada. Recogeré la mesa, le daré el biberón y le cambiaré el pañal a mi princesa. Intentaré que Manolillo y la chicuela duerman la siesta, para aprovechar la tarde que se quedará corta. ¡Cuántos cacharros en la cocina y estamos tres gatos! Como siempre tengo todas las papeletas para fregar y dejarlo todo en su sitio. 

Los maridos son todos muy buenos, en lo suyo. Para ayudar en las tareas domésticas tienen poca voluntad. Como no los mandes, poco apoyo tenemos. Ellos son y no son culpables, depende de las circunstancias de cada uno y la enseñanza que sus padres le dieron. Mi madre decía que los machos al campo y las hembras a la casa. Mis hermanos nunca cogieron un cepillo ni una fregona. Era una cosa normal, no nos preocupábamos de si ayudaban en el hogar. Hoy es muy diferente. Poco a poco vamos consiguiendo que las tareas domésticas y de los hijos se repartan en la pareja, como debe de ser. La cosa va muy despacio y siempre se vuelca la carga para el mismo lado y nosotras somos el soporte. A las nuevas generaciones las educaremos y le trasmitiremos la cultura de que entre hombres y mujeres, a la hora de compartir el trabajo y el hogar, no hay diferencia. Las noticias hablan de las mujeres maltratadas. Para ser maltratada no es necesario sufrir daño físico. Las mujeres somos esclavas psicológicamente toda la vida y sin derechos. No se reconoce la labor que cada día desarrollamos. 

Voy a seguir con mi cositas, que hablando no me cunde y, al final, la tarde se me va. Voy a tender la segunda colada de ropa limpia y recoger la primera. Mi Manolillo es un desastre. Parece una fregona y va recogiendo toda la suciedad del suelo y comiendo, no tiene cuidado. Con los dos críos, lavar y planchar es casi todos los días. La plancha tiene guasa. Es lo que menos me gusta de las labores. ¿Qué voy hacer? Si me quejo, el problema no lo arreglo. A planchar. La merienda de los niños, que la siesta se acaba, vamos con la misma rutina de todas las tardes. Para beberse un vaso de leche con galletas o fruta, este granuja, ¡qué sofocones me mete! Menos mal que mi chicuela es una bendición. No marea para nada y siempre preparada para todo. ¡Qué arte y qué gracia, como su madre! Todavía me queda limpiar el cuarto de baño de arriba y ordenar la ropa de los granujas y no he parado. Qué poco dura lo limpio, con el trabajito que cuesta, y cuando llega la noche, miras a tu alrededor y parece que no has hecho nada. Una semanita les daba a estos hombres, que hablan de que las mujeres vivimos tranquilas llevando la casa. Seguro que se tiran de los pelos y lloran por irse a trabajar. A ver, ¿qué preparo para cenar esta noche? No sales de una y tienes otra preparada. Creo que vamos a cenar un revuelto de huevos con papas y cebolla y unos filetillos de lomo. Al niño le prepararé una tortilla francesa, que se la come muy bien, y con mi princesa no tengo problema. Un potito de ternera con verduras. Parece pronto para picar las papas y las cebollas. Daré una vuelta por el parque con los niños que los pobres están aburridos y yo me despejo un poco también, que nos dé el aire. 

Una hora de sosiego para, de nuevo, entrar en casa y seguir metida en la cocina, preparando la cena. Mi marido se hace cargo de los niños, que es una ayuda muy buena. Los baña, les pone los pijamas y los entretiene. Es el único momento del día que puede estar con ellos. Cuando estamos comiendo hablamos de lo nuestro, las cosillas del día y del trabajo. El sueldo no lo suben y todos los años dicen lo mismo, el año que viene. Estamos arreglados con estos empresarios, solo quieren que rindas mucho y todo les parece  poco, pero al final de mes, la misma nómina. Manolito esta noche ha comido muy bien y mi princesa también. 

Después de un día de cole, juegos, carreras y saltos se le están cerrando los ojitos al granuja. Su padre, con todo su amor, le dice: Vamos, Manolito, para tu cama que es la hora de dormir, pero primero te contaré el cuento de…. 

La vida real del 95% de las mujeres. Si están casadas, con hijos y trabajando lo tienen peor. Llevar una  casa es una lucha y todos los días son iguales o parecidos. Lo que no hacen por falta de tiempo o cansancio, lo tienen  para mañana. Un trabajo no reconocido, no valorado, no está pagado y el  90% de los hombres no saben reconocerlo. Nunca es tarde y todos deberíamos echar una mano. No como obligación, ni por cumplir, si no como un derecho. Los hijos y llevar una casa corresponde a los dos, al vivir bajo el mismo techo.
 
He contado la vida diaria de una mujer trabajadora, con un poco de humor, por decir algo. Son muchas cosas las que se me quedarán en el tintero porque no he hablado de hacer una limpieza a fondo en la casa.  Con esto, quiero que los hombres nos pongamos en su lugar, sólo por un día y valoremos el trabajo que realizan sin pedir nada.

De paso por la vida.  

jueves, 13 de febrero de 2020

SIN FECHA NI DESTINO

Esta carta sin fecha ni destino está escrita con todo mi amor y el dolor más profundo a la mujer de mi vida; ella no la espera y yo no la olvido. Han pasado diez  años, cuatro meses y quince días; estaba amaneciendo y los gallos cantaban, su canto era triste y frío, como una despedida. Entraba la primavera y los campos rebosaban vida, por la vieja ventana de madera medio abierta, el olor azahar de los naranjos envolvía la habitación  con su aroma, y un rayo de sol traspasaba los visillos reflejando en su cara una sonrisa perdida. Con toda su lucidez sacó fuerzas de donde no había, y con voz tierna y rota pronunció sus últimas palabras para decirme que estaba preparada. Había llegado su hora. Sus manos acariciaban las mías con ternura mirándome a los ojos. Por sus mejillas corrían dos lágrimas como dos gotas de rocío,  poco a poco se fue apagando en un suspiro profundo que cortaba el aire como un puñal de hoja fina arrebatándole la vida. Si grande era mi pena, más fue la suya.

Yo te perdí para siempre, tú  te marchaste sola, con las manos vacías; atrás dejabas todo por lo que tanto luchaste. El día se hizo noche, el corazón añicos, y la alegría de la casa se desvanecía. Nuestro amor que nació una primavera paseando junto a la orilla del río, rodeado de álamos blancos y mimbres, el canto de los pajarillos nos arrullaba...Fue nuestro primer beso a escondidas. Tu cara sonrojada y mirada dulce me desbordó  el corazón, y aquel día te jure que sólo nos separaría la muerte.

Cuando te fuiste, compañera, abuela, madre y esposa, nunca llegué a concebir tu pérdida y exclamé al mundo lo injusta que es la vida. Recordar tus palabras me consolaba….¡Hay que ser agradecidos por los años  que hemos vivido juntos, no olvides que otros tuvieron peor desdicha; en esta vida estamos de paso, el momento es lo que cuenta, lo bueno y lo malo son compañeros, que igual que te dan te quitan!

La ilusión de ver nacer a tu nieta te mantuvo más tiempo a nuestro lado, grabado lo tengo en mi mente. Una paz interior y sosiego llenó un hueco en tu corazón, al ver entre tus brazos esa vida nueva que con tanta ternura acariciabas. Había llegado el nuevo relevo. Ella lleva tu nombre, María,  para no olvidarte nunca. Van pasando los años y parece que fue ayer cuando te despediste. No puedo evitar derramar unas lágrimas al abrir la puerta del ropero, donde siguen colgados tus vestidos, el vestido rojo que nunca te pudiste poner esperando un soplo de esperanza; el de novia que nunca quisiste desprenderte de él. En el joyero está tu alianza de desposada, el juego con la gargantilla, los zarcillos y la pulsera que te regalé por nuestras bodas de plata. ¿Recuerdas la primera vez que nuestro amor  se consumó? Fue una noche apasionada, como las olas del mar acariciando la arena, como una tormenta de verano; un amor que fue creciendo y dando su fruto; toda una vida juntos.

Durante el día me refugio en el calor de nuestra familia, siempre están ahí , cuando más los necesito, cuantas veces dicen: ¡si mamá estuviera con nosotros!
Tu nieta María es una mujercita, con tu cara y la misma sonrisa. Cada noche, cuando cierro la puerta de la casa, el mundo se me cae encima, la soledad es mi compañera, la almohada mi amiga, sólo me consuela soñar con los ojos abiertos recorriendo cada momento que vivimos juntos; espero algún día estar de nuevo a tu lado. Cierro esta carta sin fecha ni destino a la mujer de mi vida, tú no la esperas y yo no te olvido.

De paso por la vida.

Juan Reyes

martes, 4 de febrero de 2020

¡PARA MORIR NO HAY QUE TENER PRISA!

Decía mi amigo “Para morir no hay que tener prisa”. Pronto cumpliría los noventa años y no encontraba el momento justo para despedirse de esta vida. Vivía obsesionado con la muerte, la suya. Con su edad pensaba que le perseguía a todas partes. La única esperanza y tranquilidad que tenía: creer que se había olvidado de él. Cada uno tiene su día, su hora y una fecha, cosas de las matemáticas, los números o el destino. En un momento tan íntimo, donde es una lucha entre dos y la realidad es uno mismo.  No hay un perdedor ni un ganador, se vive y se muere. Me decía: “si muero que no sea a oscuras. Dejadme la ventana abierta para que pase la luz del día. Si es de noche, una bombilla encendida, tengo tiempo para estar en lo tenebroso. No me importa la muerte, si no es la mía, no la buscaré, me repela pensarlo, igual que el aceite y el agua. Una muerte digna y tranquila,  una despedida sin pañuelos ni lágrimas, un adiós con una sonrisa. A donde voy no me esperan y no creo que me echen en falta, qué más da uno u otro.  Sé que morir es una parte de la vida, pero sin prisa. No hay que reírle a la muerte, ni llorar si no llega. Pienso que todos estamos apuntados y mi apellido empieza por la R. Morir sin ganas no tiene gracia, morir por morir no entra en mis planes. No te alegres de la muerte de otro, tuviste suerte y pasó de paso. Nunca es el momento.”- me decía- “siempre hay tiempo en el tiempo. Cuando llegue mi amiga y compañera, la que convive conmigo desde que nací, la recibiré como una parte más de una sinfonía, donde la música y las voces de fondo suenen, vivir o morir, sin segundas oportunidades. Si puedo elegir lo tengo muy claro, no deseo la muerte que significa fin de la vida. Mi pena es que me iré dejando atrás lo que tanto he amado y luchado, mi familia. Otra parte de mi vida que echaré de menos, donde me sentía más libre,  y una libertad  encontrada, otra forma de amar la vida, rodeado de la naturaleza. La que sentía como mía, hablando en voz alta en mi interior con ella. Lo tenía muy claro, que vale la pena luchar por este mundo, un regalo prestado. Su creador o inventor, un soñador con un espíritu y una imaginación desorbitada. Una inteligencia sobrenatural proyectada en un espacio vacío, dando vueltas en una parte del universo. Sin saber dónde empieza y donde acaba. Nada creado natural en esta vida es igual, como los copos de nieve, como las gotas de agua, los granos de arena, los seres humanos…”

Cuando naces nadie te pregunta si querías vivir. Fue fruto de un amor verdadero y deseado o una noche apasionada llena de hormonas incontroladas.  Para morir no hay respuestas, solo se necesita estar vivo. Se puede morir de amor. Se puede morir de risa. Se puede morir de pena. Se puede morir a gusto. Se puede morir de hambre…  Para morir no hay que tener prisas. La vida está compuesta de partituras como la música. Unas de alegrías y fortalezas, otras de angustias y penas, otras donde solo tú la compones, adaptando  el ritmo y los pasos. Una vida de rosas y espinas, de jazmines florecidos. Una vida de damas de noche y limoneros luneros. Una vida de novelas y fábulas. Una vida de sueños inacabados y visiones imaginativas. Una vida donde te sientes ave y presa. La vida y la muerte es una sola, que se aman y pelean, no se miran a los ojos, desconfían una de la otra, pisándose los talones. La muerte de la guadaña y las tinieblas, una sombra que te abraza y te aprieta. Para comprender y entender que la vida es algo más, deberíamos morir al menos una vez como experiencia. No sabemos valorar ni apreciar que estamos viviendo en un mundo, que hasta el día de hoy, es único. El que ha vivido una situación entre la vida y la muerte ha cambiado para mejor persona y sabe de lo que hablo.  Todo es un pensamiento subjetivo, una forma de ver la vida y la muerte. Mi personaje rozaba los noventa años, se reía de la vida respetando la muerte. Por sus vivencias y experiencia se reía con los ojos llorosos y las manos temblorosas. Se reía escuchando hablar, de lo mal que está la vida. Él que durmió en el suelo, entre la paja, comió alcarciles y los cuscurros de pan los mojaba en el aceite de las mariposas de alumbrar. Él que perdió muy pronto el amor de su vida. Se reía. Una risa que se le movía la dentadura y una mirada de tristeza que cortaba el alma. Los noventa le pesaban sin perder esa sonrisa, aguantando el temporal, con las velas recogidas. Un barco que se va a la deriva. Cuando le hablas de la muerte  su respuesta es siempre la misma. Para morir no hay que tener prisa. 

De paso por la vida.

Juan Reyes.

jueves, 30 de enero de 2020

CON LA MOCHILA A LA ESPALDA

Caminaba despacio, con pasos cortos y sin prisas, la cabeza baja y la mirada fija a la tierra. Un garrote de olivo en su mano, para apoyar un cuerpo envejecido y cansado. Metido en su mundo, del que él formaba parte. Acompañado de su sombra. Una sombra inseparable, amiga. A su espalda una mochila llena de emociones y sentimientos, momentos de toda una vida: las alegrías y las penas, los amores y desamores, las verdades y mentiras, los amigos y enemigos, las esperanzas y fracasos, los sueños y pesadillas... Una mochila que no se ve, ni pesa. Una mochila donde lo material no ocupa espacio, está llena espiritualmente. Son los años de un viejo hombre que, con pasos cortos y sin prisas, va cargado de añoranzas y recuerdos, los suyos. Los primeros besos y abrazos de sus padres, los juegos de su niñez, el primer amor y único de su vida, el nacimiento de sus hijos, verlos crecer cada día, rodearse de los nietos… Esos pequeños detalles del día a día, que pasan a nuestro lado, y apenas  valoramos. Un amanecer: los gorriones saltando, el saludo por las mañanas. Las florecillas del campo, las tertulias con los amigos, los críos jugando en el patio del colegio. El olor a tierra mojada.  Las estrellas en la noche, las nubes flotando, los paseos al atardecer, una sonrisa…¡Cuánto  hay de bueno en este mundo que no tiene precio! Esos pequeños detalles que te llenan el alma. Él se sentía perdido, sin comprender, que su mundo, el que él conocía y  amaba, corría acelerado a no sé dónde, sin rumbo. Confundidos por la avaricia y el egoísmo, nos  hacemos más débiles, menos inteligentes y renunciamos a  nuestros principios: Amarnos y respetarnos y saber pedir perdón.

Una mochila lleva a sus espaldas cargada de sueños, ilusiones y proyectos que nunca salieron adelante por no confiar en él.  En un hueco va su cuaderno con sus apuntes. Para decirle a la vida lo que siente, sin utilizar palabras rebuscadas, sinónimos que desconoce. Su amor es más sencillo, humilde y sin adornos. Utilizando un vocabulario pobre con el mismo significado. Su cultura nació entre olivos y verdes trigales. Rodeado de tierras sembradas de algodonales, laderas de viñedos, riberas de huertas con higueras, ciruelos, granados… Conoció las norias alzando las aguas del Genil en cangilones de madera. Su sierra cubierta de encinas, acebuches, coscojas, retamas, esparto, alcaparras, esparragueras…. Olores a romero, tomillo, a los almendros en flor. Surcaban en el cielo aguiluchos, cuervos,  palomas bravías… De nada vale  decorar con tantas alabanzas la vida si no sabemos  apreciarla.  ¡La vida, un soplo de aire fresco! Con los años nos vamos adaptando a ella, como las raíces a la tierra.  Como las aguas del río buscando la pendiente. Como una cometa subimos y bajamos.  Atraídos a seguir viviendo, como las olas del mar por la luna.
Una mochila lleva a sus espaldas, imaginada. Una sombra inseparable, amiga.  Un bastón para apoyar un cuerpo cansado. Caminando por un camino de tierra, sin prisas.  Paso a paso, así es la vida. Valorando cada momento vivido, sin riquezas y los pies en el suelo. Con sus sueños incumplidos de ver un mundo más justo, más sensato, menos egoísta. Un mundo donde cabemos todos. Donde el amor gane la batalla al odio. Donde el bien triunfe con la palabra. Todos llevamos una mochila a las espaldas, y con los años, va pesando cada día más.

De paso por la vida.

Juan Reyes.

jueves, 9 de enero de 2020

La vida es un libro

La vida es un libro, donde van pasando páginas.  Vamos viviendo etapas con el paso de los años. Guardando de cada una de ellas, unos recuerdos imborrables. Comienza con la vida prenatal, donde vamos aprendiendo a través del tacto y de los sonidos. Un libro donde tú eres el protagonista principal y el autor. Las pastas y el título se pueden decorar, maquillar, embellecer y cambiar, pero lo más importante y profundo va en su interior. Vas escribiendo, metido en un mundo del que tú formas parte. Un personaje con vida propia y real… Removiendo recuerdos de la infancia. Una infancia rodeada de cariño, de mimos, de caricias y palabras diminutivas de amor. Los brazos de tu madre eran todo, buscabas el calor, el refugio, la seguridad… Te Pasaban de manos en manos, porque tú eras el centro de la familia y todos tenían la  necesidad de abrazarte y disfrutar de ti. Los meses pasaban, los primeros dientes, los gorgoteos, tirabas besitos y echabas los brazos. Tu primer añito, tus primeros pasos, todo como el primer día, rodeado de amor, de cariño, disfrutando cada momento de ti.  Tus padres te cuentan los primeros cuentos, Caperucita Roja y el lobo feroz, Blancanieves y los siete enanitos,  cuentos de brujas y ogros y algunas noches  despertabas con las sábanas mojadas de miedo a la oscuridad. Vas utilizando un lenguaje con palabras difíciles de pronunciar, alargándolas o acortándolas con mucha gracia y arte. Un vocabulario que no viene en el diccionario y no se puede subrayar. Siempre imitando cada gesto de tus padres o hermanos mayores. Esos tres y cuatro añitos tan llenos de sonrisas,  llorando por todo, con razón o sin ella. Absorbiendo cada detalle, todo lo quieres aprender y tocar. Observando un mundo muy grande a tus ojos. Para nuestros padres éramos la alegría de la casa, el que le robas las horas y el corazón. Una infancia donde se quedarán atrapados muchos momentos,  guardados en un rinconcito de nuestra mente y un día  contar.

Vas escribiendo con letra clara y armoniosa. Expresando con lucidez, sencillez y humildad, porque la humildad es una virtud. Una vida que va transcurriendo día a día, donde hay mucho que rememorar, los recuerdos de la niñez. Un  capítulo que escribimos con alegrías, sonrisas y la mente de un niño. Donde la fantasía nos envolvía  y nos perdíamos en los sueños. Las ilusiones nos engrandecían y la luna queríamos atrapar. Formaban parte de esos momentos las travesuras, los juegos con los amigos, saltar como un chivo y nunca llegabas a cansarte. La inocencia aflora y  la perfección no existía. Un mundo apasionante de ficción e imaginación. Vas progresando en la capacidad de comprender, de aprender. Un dibujante, que los lápices de colores en tus manos expresaban un arte especial, los trazos incontrolados eran la firma de un artista abstracto. Un cantante de canciones infantiles, letras  y partituras inacabadas llenas de amor. Quieres ser mayor, soltándote de  la mano y pidiendo un poco más de libertad, un hombrecillo para perderse con tus amigos. ¿Cuantas páginas se pueden escribir con la edad de tres a seis añitos? Un mundo donde los años que pasen, nunca olvidaremos esta parte tan bonita, llena de inocencia, juegos, travesuras y lo más importante nos sentíamos queridos y protegidos las veinticuatro horas del día.

Con una caligrafía cuidada vamos escribiendo y llenando los folios por las dos caras. Vas contando y narrando, esas anécdotas y actuaciones de la adolescencia, las que siempre guardabas por vergüenza a los demás. Una etapa donde sigues siendo un niño, jugando en la calle al fútbol, la tanga, los pilladores, el pañolito, etc. Juegos de otra época, otra infancia, la nuestra. Nuestro cuerpo va cambiando muy deprisa igual que las relaciones emocionales y cognitivas. Exploramos nuestro cuerpo de arriba abajo. Entramos en la pubertad, ese vello que nos va saliendo, esa espinilla tan molesta en la cara y no paran de salir, la voz nos va cambiando, y nuestras partes más intimas nos sorprenden con su desarrollo. La curiosidad y la ansiedad de querer siempre ser mayor. Necesitamos más intimidad, nos volvemos un poco egocéntricos, las ideas son más concretas y extremistas, etc. La sexualidad se va explorando y nuestra identidad sexual. Nos volvemos románticos y buscamos la media naranja. Con los besos robados sin maldad, las bromas pesadas con los amigos, las primeras copitas, las primeras chupadas a un cigarrillo, tragándote el humo acompañado de un ataque de tos. En los estudios no te implicas lo suficiente, perdiendo la oportunidad de formarte. La lucha con los padres por todo, más tiempo en la calle, menos horas  con la familia, los amigos lo primero, no escuchas los buenos consejos, etc. Una etapa de la adolescencia, donde los malos hábitos y las actitudes depresivas, las vas cambiando y comprendiendo por ti mismo. Vas tomando nota de cuánta razón tenían tus  padres, consejos que no olvidarás y siempre los recordarás cuando lleguen nuevas situaciones o parecidas en tu vida.

Dejas correr la tinta expresando los buenos momentos de la juventud. Una parte de la vida donde se divide. Eres mayor de edad y te quieres comer el mundo. Terminando los estudios universitarios, te preparas para hacer un curso de formación, o te dedicas a buscar un trabajo de jornalero y aprendiz. O te conviertes en un vago, en un parásito que aprovechas el esfuerzo de tus padres para vivir a su costa.  Las canciones y la música en la discoteca o salones de baile inventados en cualquier casa de un amigo. Donde la pasión y el amor de pareja se fundían en uno solo. Noches sin control y de locura, noches interminables sin mirar el reloj. Vamos cambiando impresiones y hablamos de un futuro: buscar trabajo, de crear una familia, de tener hijos, etc. Una juventud que va pensando como adulta. Vas comprendiendo que ser adulto no es tan fácil, los problemas te rodean, educar  los hijos, las letras del banco, la vivienda, el trabajo, etc. Vas escribiendo y hablando de ti mismo, la vida es como un libro, un libro donde la realidad se queda corta. Al coger el lápiz o el bolígrafo, la forma de colocar el librillo, dice mucho de tu personalidad. Este libro con sus pastas gruesas de cartón duro y hojas finas de papel. Donde vamos escribiendo y resumiendo con sensibilidad, con ternura, la entrada en la adultez. Otra etapa más de la vida que se divide. Te entregas al trabajo y todas las horas son pocas, para contribuir en la economía de la casa. La familia queda a un lado para los fines de semana y los festivos. Los hijos se van haciendo mayores y llegan acompañados de sus amigas o parejas. Tus perspectivas y el fundamento  de tu vida es salir adelante. Atrás dejas muchas cosas pendientes, cosas que jamás algún día puedas realizar. Tus aficiones, tus caprichos, tus viajes, ese tiempo para relajarte y tomar un respiro. Todo tiene su recompensa, si la felicidad es hacer feliz a los que quieres.  Vivir el momento justo, sacarle el máximo  partido. Ser capaz de entender y asimilar que todo no se puede tener en esta vida. Los días van pasando y entras en los cincuenta pisando los sesenta. Todo va cambiando, la vida la ves muy diferente y las prisas no entran en tus planes. El amor de pareja lo vas compartiendo con los que llegan, unos seres chiquitos fruto del amor de tus hijos. Las  emociones y los sentimientos llenan tu corazón. Los que tanto quisiste y te quisieron se marcharon para siempre, vas dejando muchos en el camino. Los que nunca dejarás de quererlos y llevarlos en el corazón. Vas agrandando el alma y esos pequeñajos tapan muchas heridas. Con cada renglón que ocupamos vamos recorriendo una parte de  nuestras vidas, atrapadas en el tiempo, pasando de puntillas en silencio para no molestar. Sentados en una silla y una mesa de un escritorio inventado, sin ruidos y la puerta medio abierta de la habitación. La luz del día pasa por la ventana y la calma se trasforma en una soledad buscada. Nuestras armas y compañeros un lápiz de punta fina y unas hojas de papel. Vamos robando horas al tiempo, rebuscando palabras con mimo, dejándonos llevar por los pensamientos.  Corre la mano con cariño por los renglones alineados como los surcos en la tierra.  Las palabras se transforman y cobrando vida, una vida que queremos compartir. La vida es un libro en blanco, que nos entregan cuando nacemos y vamos tomando apuntes cada día, sin saber el final….

De paso por la vida.
 

Juan Reyes.

ENTRE RECUERDOS

  ENTRE RECUERDOS El 9 de febrero de 1927 amanecía en las huertas de “La Manga”. El sol asomaba tímidamente por los cerros de J...