martes, 14 de enero de 2025

ENTRE RECUERDOS

 

ENTRE RECUERDOS

El 9 de febrero de 1927 amanecía en las huertas de “La Manga”. El sol asomaba tímidamente por los cerros de Jauja, los gallos anunciaban el día con su canto, y los perros ladraban al ver a la comadrona descender con paso apresurado por el callejón de las huertas. Mi abuela Epifanía estaba de parto.

Ese día, entre almendros en flor y frutales dormidos esperando la primavera, nació un niño hermoso. En las huertas, las hortalizas de invierno lucían un verde oscuro, llenas de vida. Los plantones aguardaban que pasara el día de San José, temiendo las últimas heladas, para ser sembrados. A ese niño lo llamaron Juan. Era mi padre, y llegó a este mundo en tiempos difíciles, de pobreza y miseria.

Entre recuerdos, mi padre nos relataba su infancia y adolescencia. Nos contaba cómo andaba descalzo por la huerta, bebía agua fresca de la reguera y bajaba al soto, donde observaba fascinado a las nutrias jugar en la orilla. Recordaba la magia de la noria del río Genil: los cangilones de madera subían el agua, que se desbordaba y caía en cascadas, formando una cortina de gotas que, al ser iluminadas por el sol, brillaban como diminutos cristales. Ese hechizo se rompía al ver el agua precipitarse en la acequia, corriendo con prisa reguera abajo para dar vida a las plantas y sustento a los hortelanos.

Mi padre hablaba con emoción de los jilgueros y verderones trinando en las ramas del granado, las golondrinas entrando y saliendo del cobertizo, y las gallinas removiendo la tierra con sus polluelos. Era primavera, y la vida brotaba por todas partes.

Nos describía las tardes sentado en el poyete del rellano de la casa, bajo la vieja parra, junto a sus hermanos, primos y la abuela Epifanía. El abuelo Manuel, al que llamaban “El Poeta” y que yo nunca conocí, les narraba historias y recitaba versos de los grandes poetas de la Generación del 27.

Las noches de verano eran diferentes: a veces dormía a cielo raso, bajo un manto de estrellas. Despertaba con los primeros rayos del sol atravesando las ramas de la higuera, donde las brevas frescas y dulces lo invitaban a un amanecer lleno de sabor y frescura.

La vida en las huertas de La Manga era sencilla, pero llena de riqueza natural. Allí, los zagales se bañaban en el río rodeado de álamos blancos, mimbreras y olmos. Las playitas de arena fina eran testigos de sus risas frescas y juveniles, mientras las aves del bosque de ribera se silenciaban para escuchar aquella alegría contagiosa.

Eran tiempos de escasez, pero también de felicidad. Se vivía del trabajo duro y del ingenio, abonando la tierra con estiércol de los burros, mientras la noria giraba sin descanso. Las casas se encalaban con cal viva y la vida se rodeaba de animales para el sustento de la familia: la burra, las cabras, las gallinas, los conejos y los cerdos, que esperaban el día de San Martín para la matanza. Los tomates se conservaban cuidadosamente, y la compota de membrillo era un dulce tesoro.

Mi familia, a la que llamaban “Los Poetas”, era humilde y trabajadora. Con esfuerzo, mis abuelos cavaron las tierras arenosas de la ribera de las huertas La Manga y El Remolino, dejando un legado de lucha y amor por la vida. Esa generación dio ocho hijos; hoy solo quedamos los nietos, bisnietos y tataranietos.

El 14 de Enero de 2025, se cumplen diez años desde que mi padre nos dejó.

SIEMPRE ESTARÁS EN NUESTROS CORAZONES, PORQUE TU ALEGRÍA PERDURARÁ EN CADA UNO DE NOSOTROS

De paso por la vida

lunes, 13 de enero de 2025

Ángel, el pequeño sultán


Ángel, un angelito que llegó a este mundo fruto de un gran amor. Fue deseado y querido profundamente por unos padres que lo recibieron con los brazos abiertos y el corazón lleno de esperanza.

El 24 de octubre de 2024, despedimos a Ángel, un pequeño de tan solo dos añitos. Su partida dejó un vacío inmenso e irreparable en unos padres que, rotos y hundidos en su dolor, siempre lucharon por él con una fuerza admirable. Desde el primer instante, afrontaron juntos las dificultades de salud con las que Ángel vino al mundo, sin rendirse jamás, unidos más que nunca por su amor y devoción.

Ángel nunca careció de amor ni cariño. Toda su familia, junto con los vecinos del pueblo, soñaban con verlo crecer y correr por las calles, jugar con sus primos y amigos. Todos compartimos el sufrimiento de sus padres, quienes no escatimaron esfuerzos. Día y noche, sin descanso, le ofrecieron lo mejor de ellos mismos, haciendo su corta vida lo más fácil y feliz posible.

Su madre lo abrazaba con ternura infinita, calmando sus inquietudes con nanas que le susurraba al oído, llenándolo de paz y seguridad.

Ángel llegó al mundo en otoño, cuando las hojas se desprenden de los árboles, los campos se tiñen de ocres y amarillos, y las primeras lluvias anuncian la transición de las estaciones. Vivió su primer invierno, su primera Navidad, convirtiéndose en el mejor regalo para sus padres.

La primavera trajo consigo el repique de los tambores de Semana Santa, el aroma del azahar y el perfume de las rosas. En su último verano, disfrutó de la piscina con su chaleco salvavidas, acompañado por su padre, quien lo mecía y columpiaba, imaginando juntos las olas del mar, arrancándole sus mejores sonrisas. También hubo paseos al anochecer, aprovechando la frescura del río.

Fueron dos años de alegrías, de lágrimas en silencio, de felicidad y amor profundo. Un regalo de la vida, delicado como el papel más frágil, que llegó a este mundo con un destino y una fecha que el tiempo decidió adelantar.

Sherezade, su madre, es una mujer valiente y especial que un día se interesó por el blog "Amigos de la Lectura", contribuyendo a la cultura de su pueblo. Desde el anonimato, creó su propio espacio, "La Cueva de la Luciérnaga", donde dejó su huella con relatos llenos de sensibilidad y dedicación.

Sherezade, te animo a seguir escribiendo en tu blog. "La Cueva de la Luciérnaga" puede ser un refugio no solo para ti, sino también para tantas madres que han atravesado un dolor similar al tuyo. Allí, tus palabras pueden iluminar, acompañar y dar fuerza.

Cuando quería adormecer a su hijo, Sherezade le contaba el cuento de "Las Mil y Una Noches", la misma historia que su propio padre le narraba a ella. Solo pudo estar a su lado 734 noches, pero Ángel vivirá eternamente en su corazón. Ese pequeño sultán, su "ratoncito", su "granujilla", será siempre su principito.

Ahora, desde el cielo, Ángel los observa. Aunque sufre al verlos tan tristes, se siente orgulloso del amor y la dedicación que le dieron. Él quiere verlos felices nuevamente, hablando de sueños e ilusiones, y llenando sus corazones con la esperanza de un nuevo angelito.

En cada noche, y en mil noches más, Ángel escuchará a su madre narrar las historias que tanto lo reconfortaban. Su memoria permanecerá viva en cada susurro, en cada recuerdo, y en el dulce eco de sus padres diciendo:
"¡Mi ratoncito, mi granujilla!".

De paso por la vida.

viernes, 20 de diciembre de 2024

De paso por la vida


De paso por la vida, quiere agradecer a todos los lectores que, en algún momento, entraron en mi blog con el único interés de leer mis escritos.

Yo, humildemente, intento narrar lo mejor que sé y puedo, reflejando mis pensamientos y experiencias en este paso efímero por la vida. El año 2024 ya se nos escapa entre los dedos, un año que llegó cargado de ilusiones y proyectos. Sin embargo, los días han pasado, y en mi blog he publicado muy poco:


  • El San bernardo
  • Regalando besos
  • Tomando nota
  • El castillete
  • Mi madre, mi ángel de la guarda

Esto no significa que haya dejado de escribir. Soy feliz con un lápiz en la mano, anotando ideas y reflexiones que fluyen constantemente en mi mente, aunque no siempre las publique.

La sombra de un burro viejo

La sombra de un burro viejo

se dibujaba en una malla de tela.

Una sombra estampada e inmóvil

al calor del solecito del invierno.

Una silueta calcada, sumisa,

por los rayos de luz acariciando

la piel suave y peluda del viejo

asno andaluz, en una mañana fría.

Estamos de paso por la vida, pero muchas veces no nos detenemos a vivirla como deberíamos. Nos sumergimos tanto en las prisas del día a día que olvidamos disfrutar el ahora. La vida está compuesta de momentos únicos, irrepetibles, como un río que fluye sin retorno, como un viento que cambia de intensidad, o como una llama que asciende y finalmente se apaga.

Dibujando

Dibujaba su cuerpo desnudo en mi mente.

Mis dedos eran los pinceles, de lienzo, su piel.

Me dejaba llevar con los ojos cerrados,

recorriendo cada palmo: sus curvas, su cintura,

sus labios…Como un adolescente enloquecido,

dibujaba su cuerpo desnudo, con pinceles

húmedos de colores.

La vida es una mezcla de realidades y mentiras, alegrías y penas, pasión y suspiros, amor y dolor. Este año nos han dejado muchos conocidos, vecinos, amigos y familiares. Algunos apenas comenzaban a vivir; otros, jóvenes y adultos, partieron inesperadamente. También se fueron nuestros abuelos, portadores de casi un siglo de historias de nuestro pueblo.

La vida es un brote tierno, un chivo brincando, un gato ronroneando, una araña tejiendo, un salmón desovando, un águila surcando el cielo, la rana croando o un camaleón camuflado. Cosas simples que existen, pero que no valoramos por la falta de tiempo y las prisas.

La vida también está en el otoño deshojando árboles, en la nieve coronando cumbres, en el aroma del azahar o en el relente del río. Son tantas cosas que nos rodean y que no vemos ni apreciamos..

El álamo blanco

Sentí la necesidad de tocar sus hojas,

de abrazar su tronco, de ser gigante y

acariciar su copa. Sentí la savia correr,

igual que la sangre por mis venas. Sentí

la energía de sus raíces hurgar mis pies

desnudos. Sentí la vida del álamo blanco,

atrapar mi alma.

De paso por la vida, este año ha sido testigo de numerosos eventos importantes a nivel mundial: guerras, cambios políticos, desastres por sequías e inundaciones, el calentamiento global, la creciente brecha entre ricos y pobres, y el surgimiento de nuevas enfermedades.

Aunque estas noticias pueden ser abrumadoras, no debemos olvidar lo mejor de la humanidad: las personas que, de manera altruista, dedican su vida y su tiempo a ayudar en las innumerables injusticias y catástrofes que enfrentamos. La sonrisa de los niños, los esfuerzos de científicos, biólogos, químicos e inventores que buscan soluciones, las manifestaciones culturales, los deportes y la gastronomía, son recordatorios de que aún hay belleza y esperanza en este mundo.



Quiero agradecer a todos los que entran en mi blog. Mi única intención es entreteneros y compartir un poco mi tiempo, sin esperar nada a cambio.

Os deseo, de corazón, que aprovechéis vuestro tiempo para vivir intensamente: disfrutad de la familia, de un rayito de sol al amanecer, de un cielo estrellado, de un paseo por el sendero, del almendro en flor o del vuelo majestuoso de un cernícalo.

Felices Fiestas y un Próspero Año nuevo 2024.

De paso por la vida.



jueves, 18 de abril de 2024

MI MADRE, MI ÁNGEL DE LA GUARDA.

Mi madre, mi ángel de la guarda. Han pasado dos años de aquel atardecer triste de abril; cuando los naranjos estaban en flor, las golondrinas visitaban sus viejos nidos, los campos de amapolas y los hortelanos preparaban la tierra para plantar. La vida florecía y ella se apagaba a sus noventa y cuatro primaveras. 

De niño por las noches cuando estaba acostado la escuchaba murmurar, hablar con alguien en su habitación y estaba sola. Algunas veces le preguntaba: "¿Con quién hablas con las manos juntas y los ojos cerrados?" Ella rezaba y pedía con fe a su Dios por nosotros, sus hijos, que rebosáramos de salud, que nos protegiera y no nos faltara el pan de cada día...Una lista que cada noche le recordaba en sus plegarias y la escuchaban en sus ruegos, fuimos y somos  afortunados en salud y amor sin riquezas.

 

Mi madre, mi ángel de la guarda, una mujer creyente que suplicaba a todos los santos. 

San Cristóbal, que los ilumine en la carretera…
 

San Leopoldo, que no enfermen…

San Pancracio, que puedan sacar adelante su familia…

Jesús Del Gran Poder, que el amor pueda con todo… 

Así fue transcurriendo su vida pidiendo para los demás, rechazando el odio, la violencia y dando ejemplo con su cariño.
Nació en La Calleja en una casa con graneros en la parte alta, las cuadras al fondo, el pajar y el corralón donde las gallinas correteaban. Se alumbraban con la luz del candil y la comida hervía a fuego lento en la lumbre de la chimenea. De niña le ayudaba a su madre al acarreo del agua en cántaros y cubos de las fuentes La Molina y La Fontana; a portear la ropa sucia en canastas al cuadril y el lavadero de madera para lavarla en el río y  dejar secar al sol tendidas en las ramas de los mimbres. Poco tiempo estuvo en el colegio y aprendió a leer pero no sabia escribir. En los ratos libres jugaba con su amiga La Negrilla. Se montaban en los carros, a la grupa de los mulos, se paseaban en el trillo en las eras los veranos, recorrían el pueblo tirando los potros de las puertas de la calle y haciendo travesuras. Una infancia alegre y triste al vivir a los nueve años la guerra civil y una posguerra dura de hambre, de miseria y muerte para un país que todavía llora a sus seres queridos sin una sepultura digna y luego dicen que todos éramos hermanos...

Sin darse cuenta era una mujercita de pelo largo, ondulado y recogido atrás. Una mujercita que ayudaba en el campo recogiendo aceitunas a medio, en la ciega del trigo y haciendo tomizas con los manojos de esparto. 

En su juventud, una muchacha alegre y divertida, que un día se enamoró de un hortelano de las huertas El Remolino, hijo de Manuel el Poeta. Un flechazo le atravesó el corazón, un amor que perduraría toda su vida hasta la muerte. Mi madre acompañada de mi abuela y la Chacha Pepa marcharon a Cataluña, como tantos vecinos buscando una oportunidad, pero el amor tira mucho y ella prefería ver todos los días a su novio Juan el Poeta que estar separada tan lejos en otra tierra.  Contraen matrimonio y lo celebran en La Calleja en casa de los abuelos, una boda familiar sin nada de lujos.
Era una época que todo estaba censurado y todo era pecado carnal. Ellos, jóvenes y con deseos de amar, la noche de bodas se dejan llevar por su gran amor. Pronto queda embarazada de su primer hijo, mi hermano Pepe que nace y a los cuarenta días encargaron el segundo, mi hermano Manolo. Este Poeta era muy romántico y la "Ramoncilla", mi madre, se dejaba querer. Una historia de una familia humilde y trabajadora que para salir adelante vivieron de alquiler, de prestado en casa de mi abuela en la Calleja, y en casas de vecinos cuando trabajaba mi padre en otros pueblos. Nace su tercer hijo Juan, en Cuevas de San Marcos, el que está escribiendo y narrando la vida  de una madre que se entregó en cuerpo y alma a su familia, un amor incondicional que perduraría siempre.

Mi padre y mi madre decidieron buscar una hija, mi abuela Natalia le reprochaba que solo sabían hacer niños, él se lo tomó en serio y de nuevo otro embarazo. Esta vez tampoco acertaron y nace mi hermano Antonio. La cosa se enreda y de camino viene otro macho mi hermano Ramón. Mi abuela se desespera y mis padres también. ¡Que pasa aquí, con tantas churras Juan! Por fin llegó lo que estaban buscando, mi madre parió una niña, que con tanta ilusión deseaban, cerraría un capítulo de su vida, de no tener más retoños y decide ponerle de nombre Natalia Bienvenida. 

Una cuadrilla, seis bocas  que alimentar y vestir. Los que dio a luz con ayuda de la comadrona del pueblo y mi abuela Natalia cuando pudo. Los vecinos y familiares se volcaban y llegaban a ver al recién nacido con un regalo bajo el brazo. Las tabletas de chocolate y las latas de la leche condensada era lo más habitual. Era una oportunidad para poder saborear esas delicias que llegaban solo en esas ocasiones. Teníamos en casa una maleta de madera pintada en azul, esa maleta tenía su llave y siempre estaba bien cerrada, ahí guardaban el chocolate y la leche condensada, ¡La de veces que intentábamos abrirla!…
Unos días antes de la semana Santa, el pueblo se envolvía en  aromas de azahar de los naranjos del paseo y el perfume de las rosas, los olores a ochíos, a mostachones y magdalenas que desprendía las chimeneas de los hornos de las panaderías. Mi madre cargada con la canasta bajo el brazo, llevaba todos sus avíos para hacer la masa de esas delicias. Cuando llegaba a casa con ese olor que cortaba el sentido, tan calentitos, tan tiernos, tan ricos, la boca se nos hacía agua.

Cuantos recuerdos de una madre. Los mimos y los abrazos cuando estabas malito, cuando estabas triste, cuando comías poco te preparaba el caldo del puchero con sopitas, las gachas de maicena con coscurros y canela, el hoyito de aceite con la onza de chocolate... Los días más especiales en Navidad, la Semana Santa... mi madre con ayuda de la Chacha Pepa se metían en la cocina y con las manos llenas de masa elaboraban los bolos, eran unos albondigones muy grandes que nos encantaban y guardamos la receta. También en la repostería  elaboraban empanadillas de cabello de ángel, los pestiños, los rosquitos. Cuántas horas  dedicó en la cocina con el delantal puesto, qué orgullosa se sentía al vernos a todos rodeando la mesa y mi padre alegre con su sonrisa. En invierno en las noches frías, todo era poco para echar en nuestras camas, se levantaba las veces que hicieran falta para que no pasáramos frio. En verano no ganaba para sofocones e irritaciones mi madre, por las tardes nos perdíamos buscando el fresquito del río para bañarnos y lo  teníamos prohibido. Mi padre se encargaba con el cinto en la mano de recordar las normas, las que nunca cumplimos y en más de una ocasión probamos la medicina del cinturón. Una lucha titánica, la de mi madre, preparar ropa para una cuadrilla, lavar, planchar, fregar y sin ayuda. Los días de feria y la Semana Santa se cogía del brazo de mi padre y nos paseaba muy orgullosa por la calle Ancha, y como siempre muy arregladitos, vestidos para la ocasión.

Los años iban pasando y deciden buscar trabajo para todos. Mi hermano mayor cuenta con catorce años y mi hermana tan solo cinco. Es la primera salida del pueblo con destino a Francia en el año 1970. Fueron valientes y las necesidades de salir de la miseria, porque en aquellos años la libreta de la dita funcionaba así, ¡Apúntame que cuando pueda te pagaré la deuda! Libretas en cada tienda, de comestibles, la panadería…Las familias más humildes no tenían para comer, para vestir, para calzar y todas las necesidades dignas que las personas merecen. Esas libretas quitaron y taparon muchas penas. En las temporadas de la recolección de aceituna y algodón nos desplazábamos a los cortijos. Ahí estábamos currando como personas mayores, con pocos derechos y perdiendo horas de colegio. Nunca los culpé, se vivía mal y aquellos años la calidad de vida era de incultura, de poca formación y un progreso dormido por una dictadura. Los años pasaban para todos y a mis padres también se les notaba las canas y su piel más arrugada. Mi madre veía como sus hijos se iban haciendo mayores, unos jóvenes que querían  rehacer su vida para formar su propia familia. Poco a poco las habitaciones se quedaron vacías y en el salón comedor de la casa en una pared fueron colocando las fotos de los hij@s casados al lado de la suya. Pasaron los años fueron rellenando la pared con fotos de los niet@s. El tiempo no se detiene. Eran abuelos y estaban preparados para recibir los bisniet@s, los que cogieron el relevo. 

Va para dos años desde que nos dejaste. Hubo un tiempo que por motivos de la vida me llevó a dormir en tu cama articulada, donde pasaste tus últimos años de vida. Para mí fue revivir y sentir de nuevo tu presencia, comprender muchas cosas que no le daba importancia. Ahora entendía lo largo que serian los días para ti  sin poner los pies en el suelo y necesitar ayuda para las cosas más básicas. Recordaba cada gesto tuyo, tu mirada, tus palabras de amor a nosotros, tus hijos, porque siempre fuimos tus niños hasta el último día. En mis sueños tú y papá me acompañasteis muchas veces el tiempo que estuve de convalecencia, el motivo o la razón la dejo para mí. 

Parecía un ángel entre sabanas blancas, sus cabellos plateados, los ojos adormilados y su rostro de paz. Un ángel de piel suave dormida como una niña. Una luchadora toda su vida, que a veces se reía de su sombra. Alegre y emotiva, una mujer que cambiaba de emisora en la tele cuando había violencia, que disfrutaba con los programas de naturaleza. Los domingos le gustaba ir a misa y la casa llena de fotos de la familia y estampitas de vírgenes y santos. Había llegado su hora sin un gesto de dolor, solo un suspiro penetrante, una despedida de la vida a un sueño profundo...Te ayudamos cuando más lo necesitabas, te dimos el cariño que recibimos, agradecidos siempre por ser como eras, una madre entregada a tus hijos. Tú vivirás en cada uno de nosotros y nunca morirás, porque los recuerdos perduran toda la vida. Dimos sepultura a un cuerpo envejecido y cansado del paso de los años. Tú, que siempre decías que para morir no hay que tener prisas, que siempre había tiempo de estar en el otro lado, que todas las noches hablabas con tu Dios, nos gustaría saber qué hay al otro lado...!!! Descansa en paz, junto  a Juan, El Poeta, mi ángel.

De paso por la vida.
 

jueves, 7 de marzo de 2024

REGALANDO BESOS

 Amiga Lola Cabello:

Pasaba el tiempo, igual que las estaciones del año: los olores a rosas, las noches de verano, los árboles desnudos, los charcos en la tierra. Todo pasaba deprisa, como el vuelo del halcón peregrino. Nuestra amiga, la que todos conocíamos, una mujer activa, trabajadora y emprendedora, fue cambiando como la noche y el día. 

Pienso que vamos tan deprisa que vivimos sin vivir, que guardamos y callamos, que ocultamos y camuflamos los sentimientos y nos sentimos cada vez más aislados. A veces creemos que todo está de nuestro lado y, de repente, se presentan cosas que no estaban en nuestros planes. 

A ti, Lola, poco a poco sin darte cuenta, un viento traicionero como una caricia envolvió tu cuerpo para quedarse. Había pasado el tiempo, no sé cuanto, el calendario corría y nada era igual. Te perdías con facilidad y toda la atención y ayuda que repartiste la necesitabas en las cosas más simples y cotidianas de la vida. 

Yo personalmente te tengo grabada en mi mente, repartiendo besos a todos los que se cruzaban en tu camino. Regalabas besos con cariño, sin pedir nada a cambio, cosa que todos te devolvimos con el mismo gesto de amor. 

El mundo necesita lo que a ti te sobraba: regalar besos. Ahora eras una niña que reía y comía chuches, que preguntaba por todo y sonreía. A veces pienso que la vida es injusta o serán cosas del destino. Son preguntas que nos hacemos esperando una respuesta, o las dejamos en el aire. La muerte forma parte de la vida desde que nacemos; lo mejor es no saber cuándo.

Una mañana temprano, nuestra amiga Lola recibió una visita inesperada. Sin llamar a su puerta, una invitada que guardaba una fecha nos recordó que los besos que nos regalaba anunciaban su despedida. 

Todos decimos que, para vivir como estabas, era mejor cerrar la ventana, todos menos tu madre. Ella, con todo su dolor, quería ocupar tu sitio llorando tu pérdida.

Ojalá que tu nueva vida, de la que algunas veces hablamos en silencio como algo misterioso o de otra dimensión, te reciba con  besos, los que nos has regalado a cada vecino y amigo de nuestro pueblo cada vez que nos saludábamos. Descansa en paz.

Mañana ocho de marzo, Día Internacional de La Mujer Trabajadora, animo a todas las mujeres a seguir en la lucha, como luchó nuestra amiga Lola. 

  • Cada mujer es libre de elegir su camino, su luz, sus sueños.
  • Cada mujer merece respeto, puertas sin cerrojos, amor sincero.
  • Cada mujer herida por las manos de maltratadores y machistas, merece perdón  y respeto como victimas del odio.

De paso por la vida.

lunes, 4 de marzo de 2024

TOMANDO NOTA

Tomo nota de una vida acelerada sin retorno.

Tomo nota de una vida que se queda corta, si se vive intensamente.

Tomo nota cuando la sonrisa de los niños, me la devuelven.

Tomo nota cuando estoy rodeado por los que quiero y me quieren.

Tomo nota al dejar pasar los momentos que no vuelven.

Tomo nota y apunto que para vivir hay que estar vivo.

Tomo nota de los sueños, los deseos, las ilusiones que flotan en el mundo.

Tomo nota de no perder la esperanza en una luz que no se apaga.

Tomo nota y más notas musicales para vencer el odio.

Tomo nota que vivimos de prestado.

Tomo nota que amar y ser amado es lo más apreciado.

Tomo nota y aprendo que la naturaleza es sabia.

Tomo nota de un mundo que no comprendo.

Tomo nota de cuánto he vivido, he perdido y he ganado.

Tomo nota que la vida es una mentira piadosa.

Tomo nota que las sonrisas, los besos, los abrazos son la mejor medicina.

Tomo nota que la lluvia y los rayos del sol preñan la tierra.

Tomo nota y aprendo a dar las gracias por todo.

Tomo nota que nada nos pertenece y estamos de paso.

Tomo nota  que con muros, cadenas y fronteras no se construye la libertad.

Tomo nota que cada persona es un mundo.

Tomo nota que estamos de paso por la vida.

Tomo nota ¿Dónde empieza y dónde acaba la felicidad?





lunes, 19 de febrero de 2024

EL CASTILLETE

En el paraje de Los Serruchos hay un sendero que nos lleva al mirador del río Genil. Una ventana abierta para contemplar tan bella estampa donde sobran las palabras y nos sentimos cautivos por su encanto.

El Castillete forma parte de un jardín de esparragueras blancas, de alcaparras floridas...,bajo la sombra de su torre de calizas dolomitas. 

Los viejos olivos lo rodean como centinelas y trepan ladera arriba en el cerrillo vecino para alcanzar su cima, donde la tranquilidad y la armonía se respiran.   

Los arroyos, La Cantera y El Pontón lo abrazan como a un niño, lo miman con su frescura, lo embellecen con el cañaveral y la espesura de los tarajes. 

Una fortaleza sin defensa, donde anida el búho real, las grajillas juegan al escondite y el cernícalo primilla se posa en los huecos. 

La Sierra Cabrera, como una madre, lo vigila desde su atalaya, donde duerme la bruma. Ella le sonríe en primavera al verlo florido y en verano le llora. 

El Castillete, admirador del meandro, suspira embobado cuando el viento sopla y mueve los álamos blancos, los olmos y maneja como una ola el manto de eneas y carrizos. 

Él, guardián de la garza real, el calamón, el pato malvasía...Siente admiración por si mismo al verse reflejado en las aguas tranquilas y serenas del río Genil.

Un monumento natural visitado por la cabra montés, por el zorro y el jabalí en las noches de luna llena. Al amanecer, cuando los rayos  del sol  deslumbran, senderistas y esparragueros patean con el fresco de la mañana sus senderos y veredas.

El paraje del Castillete nos llena de paz, de calma, y los románticos de la naturaleza nos complacen escribiendo versos, inmortalizando esta obra natural con pinceles en un lienzo, este rinconcito de nuestro término Badolatosa.  

 ,

 Autora del cuadro Mari Carmen Jiménez Morales. 

Una aficionada a la pintura nos transmite, con los pinceles y el corazón, su sentir y nos hace formar parte del Castillete.  Amigos de la Lectura le da las gracias por compartir su obra en el blog. 

De paso por la vida.

ENTRE RECUERDOS

  ENTRE RECUERDOS El 9 de febrero de 1927 amanecía en las huertas de “La Manga”. El sol asomaba tímidamente por los cerros de J...